martes, 15 de mayo de 2018

EL HIJO


EL HIJO



Ella siempre lo supo:

entrabas al dolor.

A un dolor que no te pertenecía.

Deslizándote por el tobogán de sus piernas

como un murciélago rubio.



Pequeña ciruela agridulce

de puertas cerradas

caíste en picada cerca del árbol,

un mancha de amor

al pie de la letra.

La cueva se había tragado

el orgullo victoriano

de las flores y los candelabros.

La última rosa cocinaba en el horno

su roja quietud

y vos tirabas piedritas

contra la ventana

de una casa muerta.



(El bebé en el establo.

La ciruela agusanada respirando.

Escupiendo la papilla mientras el padre llora

y todos decimos así o asá

porque es fácil incubar huevos ajenos,

tender camas ajenas,

sobreactuar los poemas de otro).



En tu memoria de animal amputado

se agitaba

una melena de algas crepitantes.

No era el fuego.

Era el mar

y te llamaba.



Era el mar

abriéndote las ventanas

de la casa muerta,

y ella parpadeando como un lagarto de sol,

tus mismos ojos verdes.



sábado, 12 de mayo de 2018

DELFINA



DELFINA

Sola
“Morir pequeñas veces
no tiene sentido.”
Delfina Tiscornia (1966 – 1996)


Con un cerrojo de sangre

cegar el mundo.

Con un hilo de arañas

embebidas en mí

tejer el salto.

Cortar el pensamiento

con una navaja de pájaros.


Yo también quiero

cerrar de un portazo mi cuerpo

y jugar sola.


miércoles, 9 de mayo de 2018

AMELIA



AMELIA

El monstruo

“La santidad de los santos padres era algo tan
mudable que yo decidí apartar cualquier duda
de mi cabeza por desgracia demasiado clara y dar
el salto hacia un adiós aún más arriesgado.”
Amelia Roselli (1930 – 1996)


Fue el fascismo,

fue la huida,

fue el trotar el mundo

arrastrando

un hatajo de lenguas.



Fue la volátil santidad del cosmos,

la rima de los muertos y la tierra,

la gramática de la desolación.

Fueron las riendas desbocadas,

la mudable presencia de los camaleones,

la quietud de los elefantes muertos.

Fue el ejército

que no pude enfrentar,

el descontento de las piernas,

los azulejos en desorden.



Fue el amor,

fue el desamor,

fue el fascismo,

fue la huida.

Huir y estar siempre

en el mismo lugar de desamparo.



Fui yo.

El monstruo fui yo.

Inexplicable como un día de verano.



Coqueteando desde mi infierno

con la gula de las ventanas.




Arte: "Amelia Roselli", Stefania Morgante


sábado, 5 de mayo de 2018

SANMAO



SANMAO

 Perder el amor

“Por los pájaros que vuelan,
por el arroyo que fluye en el valle,
por las vastas praderas,
pero sobre todo, sobre todo,
por el olivo de mis sueños.”
Sanmao (1943 – 1991)



Respiro cada  noche

paredes agrietadas.

Por esas grietas

se escurre

la mentira del cuerpo.

Al otro lado de las paredes

soy una mancha de sangre

y huesos licuados.

Cuando amanece

recojo lo poco

que queda del poema

después de perder el amor.



Unas medias de seda

alrededor del cuello

me devuelven

al vacío de peces

que cosió mi viudez.

Toco con los dedos anestesiados

el  caparazón del verano.



En el telón de la  Muerte

el amor  y yo,

por fin,

nos sucedemos.