sábado, 21 de enero de 2017

VOS, NOSOTROS



VOS, NOSOTROS

Vos nos querés callados,
amordazados con nuestras banderas de hambre,
amordazados con nuestras banderas de bronca.
Callados mientras los otros se van tragando el anzuelo:
somos malos, somos negros,
somos una mancha de vino barato
en el celeste paisaje de enero
(cuidado, pescaditos, cuidado,
no sea que algún día
reviente la pecera a pura lágrima,
se ahogue el Cristo rubio
que empapela conciencias
y un morochito feo se siente en sus veredas
a vender chucherías
con su olor a pesebre).

Vos no querés  vencidos,
sin pan, sin poesía,
sin sangre emparentada:
ningún golpe de harina
celebrando el estómago,
ningún endecasílabo nacido de una piedra,
de una flor sin camisa,
de un suspiro de pólvora,
de un crujido  de huesos chocando contra el frío.

Vos, siempre lobo.
Nosotros, ovejas terminales nunca.



El lunes 16 de enero, los trabajadores de la gráfica Artes Gráficas Rioplatense del Grupo Clarín, la imprenta más grande del país, ubicada en el barrio de Pompeya, se disponían a entrar a trabajar y se encontraron con un cartel de la empresa donde se anunciaba  la decisión de cerrar la planta y dejar a 380 familias desamparadas, aduciendo una crisis que no es tal (allí se imprimen "Revista Viva", "Rumbos", "Genios", "Jardín", "Cablevisión", guías telefónicas, libros escolares, folletería, etc). Se trata de una maniobra que busca quebrar la organización de la planta para imponer un ajuste que, apoyada por la política oficial, ya ha avanzado en otros sectores del gremio. 
Los trabajadores de AGR-CLARÍN se encuentran en este momento en la planta de Pompeya desarrollado un paro por tiempo indeterminado en defensa de sus puestos y condiciones de trabajo. Tanto ellos como sus familias han sido reprimidos por Policía Federal y Gendarmería.




martes, 17 de enero de 2017

ORACIÓN DE UN DESOCUPADO - JUAN GELMAN



ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello 

Juan Gelman 










El lunes 16 de enero, los trabajadores de la gráfica Artes Gráficas Rioplatense del Grupo Clarín, la imprenta más grande del país, ubicada en el barrio de Pompeya, se disponían a entrar a trabajar y se encontraron con un cartel de la empresa donde se anunciaba  la decisión de cerrar la planta y dejar a 380 familias desamparadas, aduciendo una crisis que no es tal (allí se imprimen "Revista Viva", "Rumbos", "Genios", "Jardín", "Cablevisión", guías telefónicas, libros escolares, folletería, etc). Se trata de una maniobra que busca quebrar la organización de la planta para imponer un ajuste que, apoyada por la política oficial, ya ha avanzado en otros sectores del gremio. 
Los trabajadores de AGR-CLARÍN se encuentran en este momento en la planta de Pompeya desarrollado un paro por tiempo indeterminado en defensa de sus puestos y condiciones de trabajo. Tanto ellos como sus familias han sido reprimidos por Policía Federal y Gendarmería.



domingo, 15 de enero de 2017

LA EXTRAÑA DE LAS BOTAS ROSAS


LA EXTRAÑA DE LAS BOTAS ROSAS


Al fin las tengo.

Las botas rosas.

Las miro, las toco,

pero no sé si voy a animarme a usarlas.

Ya no tengo seis años.

Ya no bailo alrededor del Winco del tío

cuando suena esa canción que adoro.

La extraña de las botas rosas.

Con sus colgantes y medallones.

Esa quería ser yo.

Hacerme la toca.

Usar minifalda.

Lentes con forma de corazón.

Y las botas, claro, las botas.

Esa quería ser yo.

Enamorarme.

Vivir para siempre en los ‘70s.

Con los dedos en V.

Usando una vincha en el pelo

(también había una chica con vincha

en alguna canción,

una chica con pantalones anchos,

otra  princesa hippie girando en el Winco del tío,

ella podía ser mi hermana,

la hermana de la extraña de las botas rosas).


Al fin las tengo.

Las botas rosas.

Las miro, las toco,

pero no sé si voy a animarme a usarlas.

Ya no tengo seis años.

El Winco se perdió en alguna mudanza

(se perdió cuando ya no se conseguían las púas

pero no era lo suficientemente viejo

como para despertar la codicia de algún coleccionista).

Los ruleros se extinguieron.

Me enteré de los 30.000.

Vi demasiadas películas sobre la Guerra de Vietnam.

El sexo me impacienta

y el concepto de amor me parece ridículo.


Pero al fin las tengo.

Las botas.

Y, sí,

me voy a animar a usarlas.

Voy a salir a la calle con mis botas

y las vecinas me van a mirar

como si estuviera loca.

Voy a zarandearme hasta caer redonda.


Y después quién me quita lo bailado.


Quién.



Fotografía: Nancy Sinatra en el especial de televisión de 1967  “Movin’ with Nancy”

jueves, 12 de enero de 2017

ANOCHE SOÑÉ CON VOS


ANOCHE SOÑÉ CON VOS


Anoche soñé con vos.

Tan flaquito, con el pelo hasta los hombros.

Sin la capa azul, la luz fatal y la espada vengadora de “Eiti Leda”,

pero siempre volando cerca de mi cama,

como una alondra de leche,

como un ruiseñor albino libando la piedad

de los días que fueron.

Blanco, sí, porque la muerte es blanca.

Porque los muertos son blancos

como la cera de una vela desangrada

a los pies de una deidad renuente.

Blanco, sí, porque la última vez que te vi

eras una sábana de pena

(blanca, blanca, blanca)

tendida sobre un ataúd sin augurios.



Anoche soñé con vos.

Tan flaquito, con la boca parecida a la de James Dean.

Pasaste al lado mío y ni siquiera me miraste.

No me dijiste bijou.

No me tocaste en el temblor de mis jadeos.

Hace más de veinte años que sueño con tu indiferencia.

Algún psicólogo debería explicarme porqué,

si cuando te ibas sin saber que era para siempre

murmuraste te amo

y me tiraste un beso que todavía me duele.



Arte: Patrick Kramer



martes, 10 de enero de 2017

IANFU


IANFU


Ella lleva la luna cosida a los párpados

y siempre es noche

en sus desnudez lisiada.

Los hombres la tocan

con sus alientos envanecidos de sangre,

la palpan

con sus ladridos de muerte.



Ella abre las manos para que respiren sus úlceras,

cierra las piernas en una ilusión de eternidad

que dura nada.

Los hombres hacen la guerra en el frente

y hacen la guerra en su útero,

trinchera de consuelo que  se desconsuela

en la humedad de una mirada oblicua.

Útero azul

de sal y de agua

donde flotan

pececitos muertos,

labios mayores y menores profanados

por arpones de pólvora.



Ella piensa en el hogar,

recoge sus migajas remotas,

se abraza a un gesto familiar que salvó

como pudo

del dictamen del humo.

Los hombres  refriegan su semen infeccioso

contra el cadáver  de su última sonrisa.

En su boca de niebla

los dientes son flores de cerezo que caen.



Pero no reverdece

y la primavera

jamás le toca el cuerpo.



Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses establecieron burdeles militares en los países que ocuparon. Miles de mujeres de Corea, China, Japón, Filipinas, Tailandia, Vietnam, Malasia, Taiwán, Indonesia y otros territorios ocupados por las tropas imperiales, se vieron obligadas a prestar servicios sexuales a los militares del ejército japonés. Fueron las llamadas ianfu o comfort women (mujeres de consuelo). Las mujeres jóvenes eran secuestradas de sus hogares o engañadas con falsas promesas de trabajo. Una vez reclutadas, eran encarceladas en confort stations (auténticos prostíbulos) donde eran obligadas a satisfacer la lujuria de los japoneses.




Foto 1: Monumento en homenaje a las "Mujeres de Consuelo" frente a la embajada de Japón en Seúl, la capital de Corea del Sur. ( REUTERS)

Foto 2: Gil Won-Ok, nacida en Corea del Sur, fue usada durante la Segunda Guerra Mundial, como "mujer de consuelo". Siendo aún una niña, fue obligada a prostituirse en burdeles militares para el disfrute de las tropas japonesas. Lleva una insignia en forma de mariposa, símbolo de "The Butterfly Fund", organización que ayuda a las mujeres en todo el mundo víctimas de la violencia sexual en tiempos de guerra. ( REUTERS)

Foto 3: Manifestantes sentados alrededor de la estatua en homenaje a las "Mujeres de Consuelo" frente a la embajada de Japón en Seúl. La protesta se celebró  el 22 de julio de 2015 para exigir una disculpa y una compensación de parte del Gobierno japonés por el daño causado a estas mujeres.  ( REUTERS)

Foto : Hao Yuelian, que también fue "mujer de consuelo", permanece sentada en su cama, sobre la que hay unos dibujos de bebés, en su casa de Taiyuan,en la provincia china de Shanxi. Su hija adoptiva explica que lo peor que le ha quedado a Hao de su experiencia en la guerra es su infertilidad, circunstancia que su familia atribuye al drama que le tocó vivir. Hao fue raptada a los 17 años y usada como esclava sexual durante 20 días.   ( REUTERS)