sábado, 19 de agosto de 2017

LOS ZAPATOS DE JUDY GARLAND


LOS ZAPATOS DE JUDY GARLAND


Toto, me parece que ya no estamos en Kansas.


Estamos en un lugar donde soy un piano a la deriva,

una flauta con los huesos apolillados.

Tengo los ojos hinchados,

el maquillaje corrido.

los sesos esparcidos por las paredes.

Mis hombres están quietos

como conejos muertos.

Mis hijos son crisantemos 

que se marchitan cuando los miro.

Una lluvia de whisky y vidrios

me moja los pies.

Estoy descalza.

¿Dónde están mis zapatos?


Toto, de día soy la pequeña jorobada

a la que le tocaban las piernas.

De noche

salgo a cazar enanos borrachos

con una red de mariposas.

Nunca fui la más linda de la MGM.

Nunca fue Lana Turner.

Me corté el cuello con una navaja de afeitar

pero alguien tiró de mi vestido celeste

empapado de mocos y lágrimas

y  me trajo de vuelta a la vida.

A este lugar.

Que no es Kansas, Toto.

Es un túnel sucio

donde las placas tectónicas  del alma colisionan

y las venas se derrumban

como edificios picados de viruela.

Trato de recordar aquella canción

pero las pastillas son pajaritos mudos,

coágulos de silencio en la memoria.

En la garganta tengo un arcoíris seco,

un do re mi de púas en el corazón.

Estoy cansada.

Estoy descalza.


Toto,  me parece que ya son demasiadas pastillas.

Peno no sé.

¿Dónde están mis zapatos rojos?


Quiero volver a casa.



Arte: Pablo Lobato 



jueves, 17 de agosto de 2017

MI VIDA COMO POETA


MI VIDA COMO POETA


Cuando empecé a escribir poemas

quería gustarle a todo el mundo

por eso los concebía blandos,

redonditos,

amorosos

(yo recostada en una pared de peces,

yo haciendo pie en las olas de tu cuerpo,

yo embarazada de la sal y la espuma).

A las vecinas del barrio les encantaban.

Dejé de ser “la chica del súper”

o “la chica del video”

y pasé a ser “la chica que escribe poemas”.

Esa fue mi primera medalla,

la que me colgué con más orgullo.

Después 

empecé a mandar mis poemas a los concursos

y a los jurados les encantaban.

Me llené de medallas.

Cuando mi hijo me entierre

venderá dos o tres

y tirará el resto a la basura.

Cosa que no está nada mal

considerando que heredar ego y hojalata

puede ser bastante decepcionante.


Un día me di cuenta de que mis poemas

les encantaban a los otros

pero a mí

me parecían vacíos.

Y me alejé de tu cuerpo,

de las olas,

de las fórmulas redonditas,

para empezar con estos mamarrachos

y la ferocidad doméstica

de una canilla  que gotea toda la noche.

Mis fans decretaron que había perdido el vuelo.

Yo creo que me volví vieja.


Supongo que para las vecinas del barrio

hoy soy "la chica que tiene un perro loco

y saca a la vereda botellas de champagne vacías

los sábados a la mañana."

Cosa que no está nada mal

considerando que el perro está loco de verdad,

el champagne me gusta más que la poesía

y sigo siendo "la chica"

aunque tenga mil años.






martes, 15 de agosto de 2017

NO SE CUIDÓ


NO SE CUIDÓ


No se cuidó.

¿Qué es cuidarse?

¿No fumar?

¿Renunciar a los huevos fritos?

¿Levantarse de vez en cuando de la silla?

¿Parar la mano con la sal?

El sodio es malo para el corazón.

¿El odio es malo para el corazón?


No se cuidó.

Tuvo que cerrar el negocio de toda la vida.

La echaron de la fábrica donde trabajaba.

Se le incendió la casilla.

Le pegaron un tiro en la nuca

en un enfrentamiento.

Lo obviaron en una estadística mentirosa.


No se cuidó.

Cuidate vos.

Cuidate.

Largá el pucho.

Movete.

Comé sano.

Dormí con dos frazadas

y no tengas catorce años.

Se puede.

Claro que se puede.

La solución a todos tus males está en esa bicicleta fija

que usás como perchero.

La bronca no mata.

Lo que mata es el colesterol.

Mente descremada en cuerpo sano.

Comprá verdurita

o cualquier verdura.    
       
Creele a la diva rubia que se lava el culo con champagne.

A la chica linda que se saca una foto con un negrito.

Al monstruo de ojos claros que te abraza

como si le importara

que en la casilla tus pibes se mueran de frío.


No se cuidó.

Cuidate vos.

Corré.

Corré como Forrest Gump.

Corré como si fueras la estrella

de una película de los ’90.


Corré por tu vida.


O sentate en el patio,

como yo,

a esperar que florezca la orquídea de los pobres.



Arte:  Mural al aire libre en el gimnasio Health and Sports en Morningside, Jonny 4Higher 


viernes, 11 de agosto de 2017

LA CICATRIZ DE MARILYN MONROE


LA CICATRIZ DE MARILYN MONROE

Se desnudó,
como tantas veces,
y la cámara hundió sus dedos en la cicatriz
como quien los hunde
en crema batida,
en merengue recién hecho,
en una nube de algodón de azúcar.
En algo dulce, caliente, vivo.

La cicatriz.
Un murciélago rosado sin alas
cosiéndole la humanidad al cuerpo.
Una vagina hecha a cuchillo
para parirse a sí mima
imperfecta,
mortal,
hermana del vómito,
del llanto,
de la sangre.
Con una hermosura nueva
como la de lo que se rompe
o se desvanece.

Ella preguntó por la cicatriz.
Preguntó si era posible disimularla.
Había una ilusión que cuidar.
Un espejismo repetido
en cientos de pupilas amorosas.
Había que preservar los sueños
de quienes le cantaron
sus únicas canciones de cuna.
Los que contestarían el teléfono
si supieran.

Ella se desnudó
y la cámara
lavó sus pies de huérfana indigente.
Bendijo la moneda de plata
que se adelantaba a la muerte
debajo de su lengua.
La cicatriz era un surtidor de pájaros.
Era algo dulce, caliente, vivo. 

Fotografiarla era fotografiar la luz.

La luz era la suma de todas sus cicatrices.


Arte: Marilyn Monroe- The Last Sitting (Junio de 1962), Bert Stern