jueves, 31 de enero de 2008

MYRIAM


MYRIAM

A Myriam Stefford



La mujer abre sus alas

y asciende

como una voluta de humo.

Su piel se deshace en espirales impalpables,

se fragmenta

en una catarata de mariposas que irritan

el ojo atento de los astros.

El cielo se disuelve

en la cuchilla recóndita de su lengua.

Las nubes caen,

verticales,

en la ferocidad inmemorial de su nuca.



La mujer trasciende la prudencia,

acaricia con la punta de sus pezones erguidos

el vuelo de las águilas,

las vísceras atentas,

repudiando gravedades y fronteras,

el sudor embriagado

en la epifanía celeste

de la perfecta acrobacia



Descenderá con la violencia del rocío

que devora los campos,

la dulce médula del hueso mancillada,

la sangre exhausta

replegándose en el filo de las alas,

la boca detenida

en un aullido póstumo.




Rosa Martha Rossi Hoffmanm nació en Suiza en 1905. Adoptó el seudónimo de Myriam Stefford cuando inició su carrera de actriz. En 1928, a los 23 años conoció en Venecia al escritor y millonario argentino Raúl Barón Biza, con quien se casó en la Basílica de San Marcos, el 28 de agosto de 1930. Abandonó su carrera de actriz para radicarse en Argentina y abrazó, junto a su esposo, una nueva pasión: la aviación. El 26 de agosto de 1931, Myriam tuvo un accidente que le costó la vida. Raúl Barón Biza le encargó al ingeniero Fausto Newton la construcción de un gigantesco mausoleo que fue inaugurado en el Paraje Los Cerrillos, entre las localidades de Alta Gracia y Córdoba,  en 1935. A seis metros de profundidad está la tumba donde quedaron los restos de la aviadora, y se dice que, allí también, están sepultadas todas las joyas de Myriam, hasta el famoso diamante Cruz del Sur, de 45 quilates. En la lápida se lee el epitafio “Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que, en su audacia, quiso llegar hasta las águilas”.



domingo, 27 de enero de 2008

JARDÍN DE LOS DESEOS


JARDÍN DE LOS DESEOS


La erección del masculino lirio

penetrando en la espesura de la noche.

La llaga de la rosa que se abre

como un misterio de humedades femeninas.

La modesta violeta fertilizada para siempre

por el silencio de una mujer desnuda

que enterró todas sus palabras

en el jardín de los deseos.




Del poemario "Revelaciones", Ediciones Raíz Alternativa, 2007

1º Premio Poesía – “XXIX Concurso Internacional de Narrativa y Poesía Escritura Sin Fronteras” - Editorial Raíz Alternativa, Temperley, Bs.As.


viernes, 25 de enero de 2008

HALLOWEEN


HALLOWEEN
 
  A Ray Bradbury
 
 
 
 En el hemisferio norte,
 
una hoja cae
 
e inaugura
 
el viaje iniciático de la infancia
 
a través del portentoso escenario del miedo.
 
 
 
Una hechicera finge que no existe
 
y sacude su incierta cabellera de viento
 
acechando el improvisado aquelarre
 
que los niños celebran
 
en el estoico patio trasero
 
de un hogar burgués.
 
 
 
Una hoja cae
 
en ese lugar ajeno vislumbrado
 
a través del cristal prodigioso del lenguaje
 
y me interno en un otoño singular,
 
en una inédita feria de tinieblas,
 
en una niñez foránea que rememoro
 
como si fuera la mía.
 
 
 
Un cadáver me saluda amablemente
 
cuando cruzo, como una sombra,
 
la avenida principal de Illinois
 
y saboreo de antemano
 
las manzanas fragantes y los caramelos de vainilla
 
con los que el viejo Ray
 
me espera cada octubre.




Arte: "The Pumpkin President", Mark Ryden



domingo, 20 de enero de 2008

MENDIGO


MENDIGO


Nadie pudo consumir las distancias

entre la ciudad y el jardín,

entre la piedad y el asco.

Ni siquiera yo. Ni siquiera yo.

El agujero negro abierto hace siglos

en su corazón

incineró a las estrellas.

El mendigo de huesos de pájaro

y piel de ceniza

se ha ido.

La Muerte fue más generosa

que todos nosotros.



Arte: "Homeless, Port Authority, NY", Dan Gheno

Del poemario "Revelaciones", Ediciones Raíz Alternativa, 2007 

1º Premio Poesía – “XXIX Concurso Internacional de Narrativa y Poesía Escritura Sin Fronteras” - Editorial Raíz Alternativa, Temperley, Bs.As. (2006)

jueves, 17 de enero de 2008

REDESCUBRIENDO A PABLO


REDESCUBRIENDO A PABLO
    
“Entre nosotros dos la poesía
se toca como piel celeste,
y contigo me gusta recoger un racimo,
este pámpano, aquella raíz de las tinieblas”.
Pablo Neruda
 
 
 
Me enamoré de Pablo.
 
Comenzó nuestra historia
 
-mi historia, que lo incluye
 
como el puerto a la ola-
 
en mis noches primeras de adolescente trágica.
 
Con los versos más tristes escritos por su pluma
 
matizaba mi ocaso vestido con el hábito
 
pesado del silencio.
 
Y yo, que era la misma de entonces y de siempre,
 
y quizás no entendía,
 
tiritaba desnuda con los astros azules.
 
 
 
Cuántos años pasaron;
 
cuántos versos leídos con ardor, con vehemencia,
 
refutados o amados.
 
Cuántos hombres de letras destripados sin culpa
 
en la aséptica mesa de las disertaciones.
 


Me codeé con juglares mejores y peores

hasta olvidar a Pablo.

Hasta olvidarlo casi. 



Con la paciencia inmóvil del muerto que persiste,

del amante negado, del obrero excluido,

esperaba el poeta.

Y cuando fui madura como el trigo y la uva

arrojó a mi regazo una rosa distinta

-la Rosa Separada, la Reina del Océano-.

Y yo, que ya no soy

la misma que era entonces

y que por fin comprendo,

redescubrí gozosa su verso indestructible,

su florida palabra.

Y hoy camino tomada de su mano celeste

por la isla lejana

y siento que esta noche de hoy es esa misma

que blanqueaba los árboles

silentes del pasado,

porque así,

libertados del tiempo y del espacio

son los grandes amores. 








martes, 15 de enero de 2008

NIÑO HAMBRE


NIÑO HAMBRE
 
 
 
 
Niño hambre,
 
ojos desmesurados abiertos al vacío,
 
a la ausencia de cielo,
 
al modesto milagro del mendrugo.

 
 
El vientre hinchado es un planeta sórdido
 
en torno al cual ávidas moscas
 
se erigen satélites siniestros.
 
La boca amarga es un pozo oscuro
 
negado a la sonrisa,
 
a la palabra lúdica y al canto
 
fluido de la infancia.

 
 
Niño hambre,
 
apenas un susurro,
 
un gemido en el viento,
 
las tripas que crujen como hojas
 
de un espantado otoño. 


Y  la muerte que llega sin remilgos
 
y le toma la mano.
 
Y lo convierte en un número más,
 
en una fría estadística.






domingo, 13 de enero de 2008

MI MADRE

 
MI MADRE



Ovillando la noche,

desovillando el día;

tejiendo con afectos

la trama de mi infancia,

mi madre.



Vagando por los soles

de todos mis veranos,

con su impronta de sombra

y de agua infinita,

mi madre.



Sosteniendo mi boca

exhausta de palabras

estrenadas apenas;

sosteniendo mi mano,

mi madre.



Rescatando a mi perro

de los umbrales huérfanos

con su amor inefable

a toda criatura,

mi madre.



Dibujando mi risa

en un vidrio de asombro

con  dedo reverente

y  perfume a nostalgia,

mi madre.



Trajinando en la casa;

corriendo tras la lluvia

con un paraguas roto;

cantando en la mañana,

mi madre.



Menguando como el cielo

que se tragó la luna;

peinando algunas canas,

buscando sus anteojos,

mi madre.




Arte: "Mother & Child",  Heather Barron
Mención Especial Poesía – “Concurso Día de la Madre” – Ciclo Radial “Aire Romántico”, FM Municipal, Río Mayo, Chubut  (2006)

domingo, 6 de enero de 2008

MARGARITA


MARGARITA


La fiebre del amor me deshojó

como a una profética margarita.

Arrancados uno a uno los pétalos del pubis

he descubierto obscenamente

el femenino surco de mi entrega.

Las mariposas negras del deseo

libaron largamente

el suave néctar de la flor mutilada.



Arte: “Silence”, Margarita Surnaite

Del poemario "Revelaciones", Ediciones Raíz Alternativa, 2007


jueves, 3 de enero de 2008

ÉL VIENE


 ÉL VIENE

A Juan Eduardo Barrios, asesinado por Montoneros el 6 de diciembre de 1977



Él, ignorado, viene a través de la  mentira.

Él, desconocido.

Y se extiende como la sangre

sobre la herida recién resucitada.

Se extiende.



Él, inédito, principia un desierto.

Tantos años de polvo

sobre un niño

que no pudo correr detrás de las gaviotas.

Nunca tuvo los brazos azules.

No fue almohada de nadie.

Le llenaron la boca con tierra.



O con flores.

Así acabamos todos, dirás vos.

Pero había una madre.



Él no estuvo en el Monte de los Olivos.

Tampoco fue bandera

ni muro

donde apoyar la sed.

Nadie sabe su nombre.

Pero sigue viniendo.



Yo no puedo corregir sus ojos húmedos.

Por eso hay noches

en las que no puedo dormir.



Juan Eduardo Barrios fue asesinado por la organización Montoneros el 6 de diciembre de 1977, a los 3 años de edad. Ese mediodía había ido con su mamá a la sucursal del Banco de la Provincia situada en la calle Caaguazú 3356, en Lanús. La terrorista montonera Estela Inés Oesterheld (“Marcela”), que circulaba por la zona en un auto conducido por su marido, Raúl Oscar Mórtola (“el vasco”), se asomó  por la ventanilla con una metralleta y disparó una ráfaga al Cabo 1º Herculano Ojeda, de custodia en la puerta del banco. Luego bajó del automóvil, le quitó sus armas, derramó una lata de nafta sobre su cuerpo  y le prendió fuego ante las miradas horrorizadas de los peatones, entre ellos la madre de Juan Eduardo que había salido de la sucursal bancaria y compraba un helado para su hijito en un kiosko aledaño. La terrorista subió al automóvil y disparó otra ráfaga que hirió a dos peatones y mató al niño con un balazo en el estómago.


Arte: Mark Ryden


martes, 1 de enero de 2008

PÁGINA EN BLANCO


PÁGINA EN BLANCO



Tu corazón

era una página en blanco.

Garabateaba en él

la vida

con la fuerza

de mi feminidad apenas despuntada.

Escribía en tu piel cartas de anhelo.

En ese corazón

–página en blanco-

no pude dibujar una palabra

que a tus ojos me hiciera imprescindible,

que te diera un motivo de existencia.

Arrojaste tu cuerpo

una mañana

al abismo de la muerte deseada.

Inmolaste mis sueños

y tus días.

Tu blanco corazón

fue profanado

por la sangre aterida,

por la lluvia,

por el barro desencadenado,

por una fila marcial

de hormigas negras

que trazó un camino hacia la nada.



 Me morí de tu muerte 

esa mañana.

Me morí de la lluvia

y las hormigas.

Me morí de las páginas en blanco.



Arte: "Sorrow Child", DilkaBear