jueves, 30 de abril de 2009

LA MUERTE DICE


LA MUERTE DICE 



La muerte dice.

Abre las ancas prodigiosas.

Come lo que me arranca. 



El  amor es un hecho de sangre.

La pena dispone

un desierto

de huesos triturados.

Él recibía vida de mi vida.

Ahora, nada. 



La muerte dice.

Aproxima su pálida balanza.

Calcula la humedad del llanto.

La hipocresía de las flores.




Nos disputamos

la tenencia del cuerpo.

Ganar es imposible. 

Entonces soy la tierra.

Y el olvido no alcanza.




Arte: "The Rules of Attraction", Paolo Petrangeli


martes, 28 de abril de 2009

LO QUE PUDO


LO QUE PUDO



Ella estaba en sus ojos.

La mirada desbordando trenes

y lunes codeados con el polvo.

Lo que iba venir.

La bendición del grito,

el pulso fresco repitiendo

la canción de la tierra,

el sudor amparado.

Las vértebras prolijas.



Ella estaba en sus ojos

y sabía

de esa bestia de luz agazapada.

Ahí no estaba el cuerpo

(marcado).

Estaba el mar,

la fluctuación de Dios

-y ella no creía en mentiras de seda-,

el beso largo de los lobos,

lo que duele.



Ella estaba en sus ojos.

Presentía

la amapola redonda,

el talle reforzado.



Le decían que no era nada.

Una mancha de sangre.

Borrón y cuenta nueva.

Pero ahí no estaba el cuerpo

(no estaba).



Era una buena chica.

Hizo lo que pudo.



Arte: "Frozen", Lori Earley

lunes, 27 de abril de 2009

MARCH RAIN


MARCH RAIN
 
 
 
 
Hablo con la lluvia,
 
con esta lluvia que llegó de pronto,
 
casi como el sueño,
 
y dejo que me moje las palabras.
 
Hablo con la lluvia
 
y estoy desnuda
 
debajo de su grito abrumador
 
que no comprende
 
a una mujer que espera,
 
que no sabe de veredas sórdidas donde se arrastran
 
papeles inútiles
 
y hembras ojerosas de sexo cansado,
 
veredas absurdas donde la soledad se multiplica
 
y las flores duelen.
 
Hablo con la lluvia y le susurro
 
que había una vez una niñita
 
que abrió demasiadas puertas
 
y la niñita hoy está muerta,
 
pero todavía necesita que la abracen.
 
Hablo con la lluvia que no me lava
 
las penas ni las culpas.
 
Y sonrío cuando le miento
 
que la noche hoy es casi bella

 y le niego el olor de esa sombra que perdura
 
allí,
 
donde mi cuerpo
 
se deshace en suspiros.




Arte: "You Only See Him When You're Very Young", Shannon Bonatakis 

sábado, 25 de abril de 2009

MIEDO


MIEDO 


Miedo de morirme con los ojos abiertos,

atragantada con un  silencio espeso,

despalabrada clamando en el vacío,

despojada de la urdimbre del vestido

como las profanas muñequitas de papel

que una mano absurda

recortó en una tarde de hastío.

Miedo de morirme de exceso de jaulas

y escasez de pájaros.

Miedo de morirme de miedo.



Arte: Marina Lie

 Del poemario "Revelaciones", Ediciones Raíz Alternativa, 2007 


domingo, 19 de abril de 2009

LUZ MARÍA


LUZ MARÍA

A Luz María García Velloso



La ausencia maquillada de ternura,

el rústico mutismo de las aves

con el trino quebrado,

la agonía ensamblando cada hebra

del sudario partidor de afanes

convergen en un sueño casto.

Sempiterna,

con la sangre corrupta evaporada,

y el eco roto de una risa antigua

cosiéndole los ojos,

adolece la eterna adolescente.

El beso que no fue

ya se pudrió en su boca.



El largo adiós

encarnado en el mármol

también es un destino.




Luz María García Velloso, hija del escritor Enrique García Velloso falleció a los 15 años de leucemia, en el año 1925. El desconsuelo de su madre la llevó a pedir una anuencia especial para que se le permitiera dormir todas las noches al lado del sepulcro de su hija. Aferrada al túmulo, esculpido en mármol como un lecho de rosas sobre el que reposa la niña, obra atribuida a Pietro Di Calvi, la madre pasó noches enteras llorando a su hija muerta.








 Fotografías: Tumba de Luz María García Velloso, Cementerio de la Recoleta, Bs. As.

Poema publicado en la Antología Poética "Un poeta, tres poemas", Editorial 3+1  (2008) 


domingo, 12 de abril de 2009

LILIANA


LILIANA

A Liliana Crociati



El bronce perfila

bajo un cielo impróvido,

la dulce fisonomía

de una muchacha muerta.

Un alud de pena

saquea su gesto reposado,

arrasa sueños y celos,

espejismos y espejos.

Y una luna que no es de miel,

porque la miel se agota

cuando el destino le levanta el ruedo

a la desesperanza,

retoza cada noche

sobre sus ojos perpetuamente abiertos.

No hay nieve embebiendo de espanto

los pulmones rendidos,

ni bártulos sembrando de desorden

la blanca cocina de la Muerte.

Ni siquiera hay un Dios

a quien pedirle explicaciones.




Liliana Crociati era hija de un conocido peinador, poeta y pintor italiano. Murió en 1970 en a los 25 años en su luna de miel en Innsbruck, Austria. Un alud de nieve sepultó en su cuarto de hotel. Sus padres erigieron un sepulcro cuyo diseño evoca el dormitorio de la joven. Una escultura realizada en bronce por el artista Wilfredo Villarich la representa vestida de novia, con su pelo largo y suelto, secundada por su fiel mascota Sabú. En la bóveda, como una catacumba romana, ambientada como su dormitorio y lleno de fotografías, un sari rojo, comprado por ella en la India, cubre con la fuerza de una alegoría su lecho de muerte.





Fotografías: Tumba de Liliana Crociati de Szaszak , Cementerio de la Recoleta, Bs. As.

Poema publicado en la Antología Poética "Un poeta, tres poemas", Editorial 3+1  (2008) 


domingo, 5 de abril de 2009

CLAMOR


CLAMOR
 
“La sangre, incluso la de los culpables, mancilla eternamente las revoluciones.”
Olympe de Gouges



Una sombra se fuga:

no es un pájaro.

No hay pájaros danzando con los cuerpos

grotescos, pendulares,

de los hombres ahorcados.

Una cabeza rueda:

es una  lágrima.

Los muertos lloran como pueden.

Los muertos no consiguen

remediar las distancias.

Un alarido lento

 delimita su nausea

en la garganta  que escindió el verdugo.

Y el jazmín nunca vuelve.


La sangre tiene la forma del cuerpo.

La sangre tiene la forma de Dios.

Culpable

o inocente

la sangre

 justifica su tácito milagro.



Los fusiles mienten:

 la paz no se construye

sobre los cementerios.




5º Mención Poesía – “Concurso Nacional de Cuento Breve y Poesía Hojas de Otoño 2006”Revista Literaria Noticias de la Musa, Morón, Bs.As. (2006) 


miércoles, 1 de abril de 2009

RUFINA



RUFINA

A Rufina Cambacérès



Una niña de mármol

deja su huella huraña


en el páramo anárquico del miedo.




“Hágase la muerte”,


sentenciaron los ángeles terribles,


rechinando los dientes.


La niña, vulnerada,


se coaguló en el vértice malsano


de una hora deforme.


Los velos negros cosieron la caída


en el gris funerario de la piedra.




Pero la muerte aún no estaba hecha.




La niña abrió los ojos,


saturada de encajes y de ahogos,


con la mínima noche de una caja


mordiéndole las sienes.


Bella Durmiente en un mundo equívoco


de gusanos y cruces,


no hubo príncipe feliz que le arrancara


la luctuosa sentencia


hincada en su garganta.


Una niña de mármol


intenta huir del fúnebre aposento


donde la muerte se hizo sin piedades.




Sobre su boca rasgada por el grito


flota un aroma rancio


a crisantemos desarticulados.


Y los jazmines pasados y futuros


son en su rostro parido por cinceles


endurecidas lágrimas.





Rufina Cambacérès, hija de  Eugenio Cambacérès, autor de "Sin rumbo", y de Luisa Bacichi, "amante y madre de un hijo de Hipólito Irigoyen", falleció, sin causa concreta, en el año 1903,  la noche en que celebraba sus 19 años.  Aparentemente fue enterrada cuando sufría un ataque de catalepsia, situación que se advirtió cuando los guardianes del cementerio avisaron, luego de algunos días,  que su ataúd se había desplazado. Su familia eligió a Richard Aigner para la realización de la escultura art déco, coronada con abundantes detalles florales, que pretende guiar a Rufina hacia las puertas celestiales, dejando atrás sus terribles últimos momentos. 





Fotografías: Tumba de Rufina Cambacérès, Cementerio de la Recoleta, Bs. As.

Poema publicado en la Antología Poética "Un poeta, tres poemas", Editorial 3+1  (2008)