domingo, 27 de marzo de 2011

LA IGNORANCIA DEL VERDE


LA IGNORANCIA DEL VERDE



A tu abrazo inconcluso

interpongo

un muestrario acabado de hojas

para malgastar,

preferentemente,

antes del otoño.

Cuando tu boca iniciala la tormenta

me sacudo

como un cerezo en celo

y el trueque de los cuerpos se perfuma

con un hilo gozoso de dulzura.

En tu cama pernocta mi desorden

-a veces puedo tocar

el amor que dejé en tu almohada,

desovillo

la tentación de la carne

y un espasmo de savia irremediable

despedaza tu cuerpo-.



Mis hojas, tus ojos,

son rutas abiertas en el musgo,

son un largo viaje hacia la lluvia.



La ignorancia del verde,

de este lado del sueño,

se parece demasiado a la tristeza.





Del poemario "Todos los hombres que me amaron", Ediciones Literarte, 2012

Mención de Honor Poesía II Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Libro Digital “Uniendo fronteras 2011”, Instituto Cultural Latinoamericano, Junín, Bs. As. (2011)


miércoles, 23 de marzo de 2011

HOLLYWOODLAND


HOLLYWOODLAND

“...en el álbum de cromos de la resignación
pegábamos los niños que odiaban los espejos
guantes de Rita Hayworth, calles de Nueva York...”
Joaquín Sabina




Rita, bailemos.

Locas de carcajadas.

Respirando

donde respiran las abejas.

Sin sílabas tardías cruzándote la boca.

Celebrando tu pelo, su amplitud de naranjas.



Rita, bailemos.

Locas de lentejuelas.

Temblando

donde tiemblan los azahares.

Sin muertes que desgasten tu condición de espiga.

Celebrando tu boca, su eternidad de hoguera.



Bailemos con un hombre aprisionado

entre los dedos dulces.

Besando a quemarropa.

Mientras los falsos brujos vaticinan

un destino de rosa enmarañada,

de carne confundida,

de voces migratorias.

Mientras los falsos dioses

agitan nuestros hilos.



Rita, gritemos

la cifra perturbada del verano,

el código del cuerpo.

La mejilla cruzada por un labio de arena.



Yo no quiero saber cómo es estar herida.

Vos tampoco querías.

Pero el dolor sucede.




Fotografía: Rita Hayworth, George Hurrell


domingo, 20 de marzo de 2011

TONO A TONO


TONO A TONO


La noche viene

-tono a tono-

y en mis costados cae

un acre olor de urgencia,

un gesto  rabioso de la carne.

En algún jardín vive un espejo

y un pájaro se rompe.



Tu piel es mi destino

pero en todas las horas

hay buques que no llegan.




Del poemario "Cierta condición nocturna", GPU Ediciones, 2013 
Poema publicado en la Antología Poética "Siete versos, un lírico", Editorial 3+1 (2011) 


jueves, 17 de marzo de 2011

CANCIÓN DE CUNA


CANCIÓN DE CUNA



Ella cantaba 

una canción de cuna 

(arrorró mi niño, 

arrorró mi dulce bastardo, 

arrorró pequeño copa de sed 

que sobrevive en la noche). 



Ella cantaba

una canción de cuna 

y él estaba 

cada vez más lejos. 



Ella cantaba 

una canción de cuna 

(¿y dónde la infancia?, 

¿dónde 

recostarse en la amable inocencia 

de un guardapolvo blanco?). 



Había tanta poesía viviéndola. 

Pero ella prefirió 

el alfabeto de los huesos en ruinas, 

la conjetura loca, 

de la orilla más lejana

(la muerte fue un camino, 

la mordedura del gusano fue 

un lento cuchillo que extirpó 

el trueno y los metales). 



Y él estaba tan lejos.





Arte: "Sorrow Child", Dilka Bear 




martes, 15 de marzo de 2011

LO QUE SABEMOS


LO QUE SABEMOS



Él sabe: 

el cuerpo es la entelequia, 

la botella lacrada celebrando 

las horas dispersas. 

(Alguien la arroja al mar, 

alguien la estampa 

en la tela del agua). 



Él sabe: 

la carne es el acaso mezquino, 

el asombro de arena, 

el chorro de sangre que desmorona 

su rostro de recién nacido. 

(Su rostro de clepsidra herida). 



Se acerca sabiendo 

mi sexo vagabundo. 

Y el verano crece. 

(Cuando él se acerca). 



Yo sé: 

la espera no tiene 

suficientes pájaros vivos. 

El viento no llega.

El reloj fragmenta 

el pie cálido del nido. 

(Cuando él se va). 



Yo sé: 

la ausencia es  clausura. 

Las manos reinan, 

los dedos asumen 

la experiencia de palabra. 

(La palabra no se va, 

pero se van las manos).

  

Entonces 

él pierde su realidad. 


Yo lo disculpo: 

matar es sólo una costumbre.



domingo, 13 de marzo de 2011

CORREGIR EL AZAR


CORREGIR EL AZAR



Él se demoraba en mis heridas,

el alacrán de raso

(el veneno de seda).

Él me  llenaba el hambre

(ese cofre de piernas sin sosiego)

con la destreza de una lengua sin suturas.



En un nido de ojos enredados,

de crímenes sin puño,

hicimos el  amor

con ladrillos de furia.



Ahora sólo resta

corregir el azar

para que sea azahar

y quede algún perfume

después de haber vivido tan poco cielo juntos.

Después de habernos muerto tanto.




Del poemario "Todos los hombres que me amaron", Ediciones Literarte, 2012

Mención de Honor Poesía II Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Libro Digital “Uniendo fronteras 2011”, Instituto Cultural Latinoamericano, Junín, Bs. As. (2011)


lunes, 7 de marzo de 2011

DESGARRO


DESGARRO

A Daniel

"Who found the dead body?
(…)
"Who was the father or daughter or brother
Or uncle or sister or mother or son
Of the dead and abandoned body?
(…)
"Did you declare the dead body dead?
(...)
"How well did you know the dead body?"
Harold Pinter



La mortalidad es un principio de cordura.

Por eso te fuiste.

Por eso nos vamos.



Seis meses.

Prendí una vela.

Toqué unos papeles viejos.

Algún dibujo,

cartas.

Tiempo prestado.

Miré tu foto hasta pulverizarme los ojos.

Una rosa,

una alcantarilla,

un hermano.

La rebelión consiste

en comprarme un par de zapatos nuevos

y seguir tirando.

Seguir estando loca hasta subirme

al carro del infarto.

Sabés que fumo mucho.

Sabés que como mal.

Sabés que los Fernández tenemos

esa manía de morirnos jóvenes.

(Favoritos de los Dioses,

como las estrellas de rock

y los Santos Inocentes).



Imposible escaparle al desgarro.

Toda la poesía me nombra.

Te nombra.



Harold Pinter pregunta quién halló el cuerpo muerto.

Levanto la mano tímidamente,

como una colegiala estúpida que pide permiso

para ir a hacer pis.

“Fui yo, Señor Poeta, fui yo”.

Y también fui la hermana del cuerpo muerto.

Y también fui la que declaró que el cuerpo muerto estaba muerto.

¿Cuánto conocía al cuerpo muerto?

No sé.



¿Cuánto te conocía, Dani?

¿Cuánto?



No sé.

Ahora me doy cuenta que no sé.



Mejor hablemos de otra cosa.





domingo, 6 de marzo de 2011

SIX FEET UNDER


SIX FEET UNDER



Una gota de piel

se interroga

en el borde de los cuerpos sin lucha.

Ella no soporta el roce de las sábanas

pero intenta

que él se abra a su desorden.

De eso no se habla.

Ellos son de esas personas que niegan las pequeñas muertes.



Ella rompió una caja.

Rompió tantas cosas.

Algo se le rompió adentro.

Sabe que él quiere golpearla.

Pero ése no es el trato.

Ellos son de esas personas que no hablan con extraños.



Aprietan nudos.

Esa es la vida que eligieron.

Él va a dejarla llorar.

Hasta que se aburra.

O hasta que se duerma.

Ellos son de esas personas que desconfían del crepúsculo.



A ella

todos los poemas de amor le parecen innecesarios.

Sigue insistiendo en ser una en el espejo.

Pero se repite.

Un montón de carne pálida que tiembla.

Estirando el hambre.

Ya no sabe cuál fue el trato.

Ellos son de esas personas que cenan a las 8:30.



Y después hacen los deberes.




Del poemario "La antigua enfermedad del otoño", Ediciones de la Iguana, 2011

martes, 1 de marzo de 2011

DÉJÀ VU


DÉJÀ VU 



Ya estuve antes en este lugar.

Ya vi antes

estas caras y estas máscaras

y sangré hasta quedarme muda,

coagulada en el silencio.

Ya recorrí estas calles superfluas,

estos pies sigilosos,

estas manos

que se traducen en puertas siempre cerradas.

Ya besé tu memoria

y constaté el pulso deslucido

de un amor moribundo. 



Ya estuve antes en este lugar,

y cargué mis bolsillos con piedras,

y me interné en un río custodiado

por mi séquito de sombras

(me encanta coquetear con los finales;

voy a seguir amenazando con suicidarme

hasta que me muera de vieja).

Ya le saqué punta al olvido

y redacté mi voluntad postrera

(lo siento, amor, estoy enloqueciendo,

tengo que devorarte).

Ya prescindí de los signos de puntuación

y descubrí que me eran imprescindibles,

una falsa ilusión de ordenamiento

dentro del caos de mis palabras.

Punto y coma, punto y coma, punto y coma,

el que no se escondió se embroma

(me embromo yo,

que nunca supe esconderme:

siempre mostré mis llagas,

siempre mostré mis dientes). 



Ya blasfemé, ya deslucí,

ya profané.

Ya conté los nudos y las fallas

en el reverso del Paraíso.

Ya disolví en un vaso de agua rancia

la costumbre de ser feliz. 



Ya estuve antes en este lugar.

No quería regresar.

El Infierno es esto:

despertarme y volver a vivir el mismo día,

cada día.