viernes, 29 de junio de 2012

LAS NIÑAS DE IRAK


 LAS NIÑAS DE IRAK



Una niña me mira.

Una niña partida en dos,

partida en tres,

partida en cuatro.



Araña

con su mirada dividida

(la que conjuga dimensión de aullido)

los espacios rotos del desierto.



Los hilanderos de la Muerte cantan.

Cantan hilos de sangre.

Cantan hilos de guerra.

Cantan hilos de somos donde pisamos

y pisamos donde queremos.



Los hilanderos de la Muerte cantan.

Yo improviso un salmo exasperado .

Padre Nuestro,

una niña los mira

y ellos no creen en muñecas.



Otra niña me mira.

Futuro inmediato

(futuro imperfecto)

pero jamás destino.



Quisiera poner el pecho.

El poema no alcanza.



 
 Arte: "Las niñas de Irak", Juan Tuk

1º Premio Poesía Certamen Literario “Gonzalo Delfino”, Biblioteca Popular Ricardo Jones Berwyn, 28º Feria Prov. del Libro del Chubut y 8º Feria Patagónica del Libro,  Gaiman, Chubut (2012)

Finalista Primera Convocatoria del Premio de Poesía Versos del Sur, Webislam, Junta Islámica de España, Córdoba, España (2011)



miércoles, 27 de junio de 2012

ENTREVISTA REALIZADA POR GUSTAVO TISOCCO PARA "MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS"


 


ENTREVISTA REALIZADA POR GUSTAVO TISOCCO PARA "MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS"

¿Qué es para usted la poesía?

La poesía es para mí un  instrumento de sanación. Partiendo de la idea de que todos estamos heridos, la poesía se erige como el único instrumento posible para reparar –o intentar reparar- esa herida colectiva.

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

Nací en Avellaneda, en 1967, y empecé a escribir siendo muy pequeña. Mi primer premio literario lo gané a los 17 años, en un concurso organizado por el Taller Cultural Paco Urondo. Si bien no soy muy constante en lo que se refiere a la participación en concursos, he ganado varios premios, tanto nacionales como internacionales. He publicado cinco poemarios: “Ojos que miran al cielo”, “Revelaciones”, “Todos los hombres que me amaron”, “La antigua enfermedad del otoño” y “Hermano”. 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

Empecé a escribir alrededor de los ocho años, luego del fallecimiento de mi padre. Tenía necesidad de expresar ciertas cosas y se me dificultaba mucho hacerlo oralmente. La escritura siempre fue para mí un medio mucho más sencillo para expresar sentimientos, emociones y necesidades.

¿Cómo definiría a su poesía?

No creo demasiado en las definiciones, pero si tuviera que definir mi poesía diría que es confesional.

¿Qué autores influyeron en su poética?

En un principio, Alejandra Pizarnik. Más tarde, Anne Sexton y Sylvia Plath, con las que llegué a identificarme mucho más plenamente que con Alejandra.

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

Provocar algo en el lector. Adhesión o rechazo, pero jamás indiferencia.

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

Deseando morir, Anne Sexton

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.
Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.
Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.
En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.
De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.
No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.
Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.
¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,
y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.
Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

Porque es un poema que no puede dejar a nadie indiferente. Y porque el lenguaje de Anne es maravilloso. 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

Ha cambiado muchísimo, creo que se ha hecho más descarnado.

¿Para usted se nace o se hace escritor?

Se nace, definitivamente. La palabra es un don.

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

Que busque su propia voz. Que no se deje tentar por lo que está de moda. Que sea su primer crítico pero que defienda su trabajo con ferocidad ante las críticas ajenas. Que sea cauto en el uso de los adjetivos. Que tenga algo para decir y que lo diga. Prefiero un poema que diga, aunque no sea perfecto, a la perfección vacía de ciertos autores.

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

Como lo que es, un negocio.

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

Todo Bradbury, todo Poe. Pizarnik, Plath  y Sexton completas. La poesía de Borges. Los cuentos de Cortázar. Y “Different Seasons”, de Stephen King. Para erradicar prejuicios y para que quede claro que no se puede defenestrar a ningún autor sin leerlo antes, aunque hacerlo dé chapa de inteligente.

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

Me parecen herramientas valiosísimas. Sin ellas muchos de nosotros no tendríamos forma de hacer circular nuestro trabajo.

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

Agradecerte la difusión de mi trabajo y del de mis colegas y tu trabajo desinteresado, que es la muestra más acabada del verdadero amor a la poesía.


ENTREVISTAS  A MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS



martes, 26 de junio de 2012

CONDICIÓN NOCTURNA



CONDICIÓN NOCTURNA


 Busco la luz

y la sombra

-con sus bordes de fieltro,

de féretro,

de furia-

es un espasmo de mar

escupiendo sus muertos en la arena.

Busco la luz

pero el dolor

tiene cierta condición nocturna.

¿Qué queda cuando no quedan

el rayo vertical,

la longitud lasciva de la primavera?

La espalda cosida a la pared

exudando

una fría humedad de molusco.

Pequeños poemas de sangre

tallados con los dientes.






Del poemario "Cierta condición nocturna", GPU Ediciones, 2013

1º Premio Poesía Concurso de poesía y narrativa 78º aniversario de Biblioteca popular "José Ingenieros"- Zárate, Bs. As.(2011)
 
Premio III Concurso de Poesía “Corazones Lateversos”, Festival de Poesía ARRIVERSOS, Feria del Libro de Guadalajara, Grupo El Observatorio Asociación Cultural, Guadalajara, España(2012)

Premio I Festival Internacional GOde Poesía, Godella, L’Horta Nord, Valencia, España(2012) 

Mención de Honor Poesía “11º Certamen Nacional de Cuento y Poesía JUNINPAIS 2011”,  Editorial De Las Tres Lagunas, Junín, Bs. As. (2012)

Mención de Honor Concurso Literario Nacional “Paco Urondo” Premio Publicación, Grupo de Poetas “Paco Urondo”, Villa María, Córdoba (2013)

Poema publicado en la revista web "Crear en Salamanca"


domingo, 24 de junio de 2012

VOCES DEL SUR


DOMINGO 24 de Junio A LAS 18 hs Argentina , en DIRECTO por RADIO COSMOS de Chicago ( Illinois, EEUU), llega "Voces del Sur" en su OCTAVO PROGRAMA.

Leeremos obras /pasaremos canciones/fragmentos de entrevistas de Ana Lucía Montoya Rendón, Eugenio Polisky, Raquel Graciela Fernández, Daniel Montoly, Amalia Zacoutegui, Mónica Caputto, Alba Estrella Gutiérrez, Julio Alanis, además de los clásicos.
  
Que el Norte conozca el Sur.



lunes, 18 de junio de 2012

THE BLACK DAHLIA



THE BLACK DAHLIA

A Elizabeth Short


Pasa media mujer

con una sonrisa al hombro.

Una sonrisa cortada a mano.


Pasa media mujer

por todos los espejos.

Y los ojos del morbo se solazan

en la carne entreabierta.


Pasa media mujer.


Bastó que el asesino cortara

para que la hipocresía de los que no la vieron llorar,

cuando era una mujer entera,

la ascendiera de puta a flor.






Elizabeth Short fue una aspirante a actriz estadounidense, víctima de un horrible y muy publicitado asesinato. Apodada  La Dalia Negra, Short fue encontrada severamente mutilada y con su cuerpo cortado a la mitad a la altura de la cintura, el 15 de enero de 1947 en Leimert Park, Los Ángeles, California. Su asesinato nunca fue resuelto.



Arte: "Elizabeth Short, The Black Dahlia", Marilyn Manson 

Del poemario "La antigua enfermedad del otoño", Ediciones de la Iguana, 2011 


martes, 12 de junio de 2012

EL GATO SIN DUEÑO


EL GATO SIN DUEÑO

A Manuel

 
Me estudia,

desde su adolescencia apenas despuntada,

con la fría arrogancia

de los gatos sin dueño.

Tiene la mirada verde, boscosa,

ataviada de animales pequeños

que se escurren entre las hojas

y unos brazos demasiado largos

que se mueven

sin permiso del viento,

como las aspas de un molino descompuesto.



No me alcanzan las manos

para abarcar el torbellino que lo habita.

No me alcanzan los pies

para seguir el loco itinerario

que le traza la sangre:

hay islas en las cuales

no puedo aventurarme,

con mi boca amansada,

mis libros deslomados por el sueño,

mis módicas certezas.



Algunas veces

-sólo algunas-

el gato sin dueño me adopta

y se acurruca a mis pies.

Hasta parece que puedo

tocarle la cabeza.



Pero no.

La ventana está abierta

y allá va,

mordiéndose los techos,

buscándose la vida en las umbrales,

lamiéndose,  tan solo.



Sin volver la sonrisa,

ni siquiera una vez,

hacia la mujer que soy,

la confundida,

la que no sabe qué hacer

con el ovillo de lana roja

que tiene en la mano.


  
  


2º Premio "La Pluma de Plata 2012" III Certamen Internacional de Cuento y Poesía,  Círculo Pehuajense de Escritores  y Lectores, Pehuajó, Bs. As. (2012)

3º Premio Poesía Concurso de Cuento y Poesía  2014 , SADE Oeste Bonaerense, Castelar, Bs. As. (2014)

Poema publicado en El Pregón Literario Nº 73 , publicación quincenal del Diario Noticias de Pehuajó a cargo del Círculo Pehuajense de Escritores y Lectores (24 de junio 2012)


lunes, 11 de junio de 2012

PRESENTACIÓN "HERMANO"


 
PRESENTACIÓN "HERMANO" 

8 DE JUNIO DE 2012

CENTRO CULTURAL BARRACAS AL SUD


Pararse frente a la poesía de Raquel es un desafío; pararse frente a este libro de Raquel es un acto de valentía. Desde lo temático "Hermano" traza el camino que se atraviesa en el proceso de duelo. Los que estamos aquí seguramente hemos transitado por este camino en algún momento de nuestras vidas y podemos acompañar a la poeta en su recorrido. Y los que no lo han transitado, a través de "Hermano", entran en ese sendero y, en ese recorrido, el duelo  se les hace carne en su carne y más allá.
Ya en el primer poema del libro Raquel nos sumerge en el espacio de la desolación: "Yo ensanchando las manos para alcanzar la tierra que te asfixia". Esta imagen involucra a los lectores y los  lleva  al centro de la palabra "imposibilidad".
En el poema "The last song", en la página 20, el desgarro y la impotencia se pueden ver sin velos, son palabras que pueden tocarse de manera contundente, si bien ambas atraviesan todo el poemario.
Llegamos, luego,  al poema "Mamá llora", a mi parecer el poema central del libro, donde ya decir con palabras no alcanza para transcribir lo que en el cuerpo se deshace, lo que en el alma no se puede tocar porque arde de tal manera que no es muerte sino agonía infinita. En el final de este poema Raquel nos dice: "Porque esta vez me tocó a mí juntar los juguetes y esconder los que están rotos para que mamá no los vea." Aquí no cabe más que silencio.
Otro poema clave es "¿Dónde están tus zapatos?". Me detengo aquí para hacer referencia al lenguaje utilizado en todo el poemario. Cada imagen de este libro, más allá de lo temático, lleva en sí la cotidianidad: mantel, pan, cuchillo, elementos de todos los días, palabras que usamos todos los días. Raquel sabe dar a cada palabra la fuerza del lenguaje poético. Desde la sencillez misma de la palabra Raquel hace poesía. En la página 46 del libro el poema "La última vez"  hace del acto cotidiano un hecho poético. Y el interrogante final de este poema  parte los ojos en lágrimas y crea un nudo en la garganta del lector: "Pero tu olor, ¿dónde está tu olor?"
De manera similar nos toca el poema de la página 53, "La voz se va", rozando ese lugar nuestro donde queremos pensar en otra cosa porque la voz del que ya no está se va perdiendo en nuestra memoria.
Ya casi llegando al final del libro nos encuentra el poema "Antes o después", queriendo, necesitando, pidiendo piedad ante tanto desconsuelo. "Antes o después" es dejarse llevar por los días, por el viento; es querer salir del lugar donde estuvimos yaciendo, agonizando. "Antes o después" no es rendirse sino empezar a entregarse un poquito a la vida después de tanta muerte, aunque la muerte persista en nosotros. 
En el final de "Hermano" aparece la desnudez de lo que somos. Raquel define el proceso de duelo y lo cierra.
Puedo decir que este libro es un cuerpo; las palabras que atraviesan todo este poemario son las que usamos para nombrar un cuerpo: labios, manos, garganta, dedos, ojos. Puedo decir que "Hermano" es un alma conjugada en varias almas, haciéndose una sola en el interrogante que surge ante el dolor del ser humano, ante la limitación y la finitud humanas.
También puedo decir que "Hermano", puesto en palabras, diciéndose en poesía, como lo hizo Raquel, es sanación y esperanza. Tal como dije en el prólogo de este libro, tengo la certeza de que Raquel revela en este poemario el oficio de poeta al que fue llamada.

CLAUDIA VÁZQUEZ, POETA Y COFUNDADORA DEL CENTRO CULTURAL ALEJANDRA PIZARNIK

 

miércoles, 6 de junio de 2012

PAÍS DE OCTUBRE


PAÍS DE OCTUBRE

A Ray Bradbury

“Miró únicamente el desierto vacío y las brillantísimas estrellas que aparecían ahora en el cielo negro, y a lo lejos se oyó el ruido creciente del viento y de las aguas frías que se agitaban en los largos canales. Cerró los ojos, estremeciéndose.
-Sí -dijo-, mañana me sentiré mejor.”
Ray Bradbury



Ayer fue mañana.

Marte, una bola roja

reventando la sangre

-Fobos y Deimos

no caminaban

la faringe como piedras,

eran celadores quietos,

otras lunas para arañar

porque una no alcanzaba-.



Ayer fueron los niños

que supiste o que improvisaste.

La feria de tinieblas.

Las vueltas.

Vuelta atrás y la dulce ignorancia

de no haber sido nunca.

Vuelta adelante y un puñado de huesos.

Lo poco.

Nadie se salva de esas vueltas,

tus vueltas,

las nuestras.



El País de Octubre.

Mucho después de medianoche

y medianoche para siempre.



Ayer fue trato o truco.

Muertos pobres

sin costearse la tierra.

Y ese cementerio para lunáticos

donde enterré algunas de mis cosas.

Y desenterré otras.

Había que vivir.

Y esas cosas vivían.



Ayer fue Poe incinerado.

Nada tan subversivo

como la muerte escrita.

Nada tan sedicioso

como los mendigos irlandeses

que se caen de los puentes.

Nada tan feroz como extender la mano

y que el otro no sepa.



El País de Octubre.

Mucho después de medianoche

y medianoche para siempre.



Hoy sos vos.

El de las sombras verdes que acaricio

cuando la vuelta es para atrás.

Pero no tanto.

El que me dijo que más allá de la niñez

para siempre es otoño

Que la melancolía se detiene con carne

y no sucede

una dicotomía entre Dios y la Ciencia

Todo es cuestión de encastrar correctamente

las piezas de la vida.

Después de todo,

para eso se inventó la poesía.



Hoy sos vos.

Diciéndome algo que supiste

por mago o por anciano:

la muerte es un asunto solitario.

Siempre.

Aunque haya alguien sosteniendo la boca.



Es un consuelo, Ray.

Es un consuelo enorme.

Es una paz tan suave

como tu País de Octubre.



Gracias.





Arte: "From The Dust Returned", John Randall York 



ADIÓS SIGNIFICA QUE DIOS ESTÁ CONTIGO (RAY BRADBURY)


ADIÓS SIGNIFICA QUE DIOS ESTÁ CONTIGO


Era una mujer que tenía en la mano una escoba o una pala para la basura o un trapo o una cuchara para revolver. Se la veía amasando tapas de tarta en la  mañana, tarareando, o se la veía sacar las tartas cocidas al mediodía o entrándolas, frías, al anochecer. Ponía las tazas de porcelana en su lugar como un campanillero suizo. Ella se deslizaba por los corredores  a paso tan firme como el de una aspiradora, viendo, encontrando y ordenando las cosas. Hacía de cada ventana un espejo para reflejar el sol. Bastaba que recorriera una vez el jardín, azada en mano, para que, a su paso, las flores alzaran sus fuegos temblorosos al aire cálido. Dormía silenciosa y no se volvía más de tres veces en la noche, tan relajada como un guante blanco, el cual, al amanecer, volverá a una mano diligente. Al despertar, tocaba a la gente como pinturas, para enderezar sus marcos.
-¿Pero y ahora…?
“Abuela”, decían todos. “Bisabuela”.
Ahora era como si estuviera acabando finalmente una larga suma aritmética. Había rellenado pavos, pollos, pichones, caballeros y muchachos. Había lavado techos, paredes, inválidos y niños. Había colocado el linóleo, arreglado bicicletas, dado cuerda a los relojes, limpiado cocinas, bañado en desinfectante diez mil heridas. Sus manos habían volado por todas partes, suavizando esto, teniendo aquello, lanzando pelotas de béisbol. Golpeando con tacos de croquet, sembrando tierra negra o acomodando las cubiertas sobre buñuelos, guisos y niños despatarrados locamente en sueños. Había bajado persianas, apagado velas, movido interruptores y… Se había vuelto vieja. Mirando hacia atrás a treinta mil millones de cosas iniciadas, terminadas y acabadas, todo sumaba, daba un total; el último decimal colocado, el cero final lentamente caía en su lugar. Ahora, tiza en mano, se retiró un paso de la vida una silenciosa hora antes de tomar el borrador.
-Veamos- dijo la bisabuela-. Veamos…
Sin aspavientos ni alharaca recorrió la casa en un inventario circular, llegando por fin a la escalera y, sin ningún anuncio en particular, subió tres pisos hasta su cuarto silenciosa, se acostó como una huella fósil bajo las sábanas frescas como nieve de su cama y comenzó a morir.
Otra vez las voces:
“¡Abuela! ¡Bisabuela!”
El rumor de lo que estaba haciendo cayó por el pozo de la escalera, golpeó y esparció ondas por los cuartos, salió por las puertas y las ventanas y por la calle de los olmos hasta el borde del barranco verde.
“¡Vamos, vamos!”
La familia rodeó su cama.
-Déjenme descansar- susurró.

Su mal no podía verse en ningún microscopio, era un cansancio suave que iba siempre en aumento, un leve peso de su cuerpo de gorrión, somnolienta, de lo más somnolienta.
En cuanto a sus hijos y a los hijos de sus hijos, parecía imposible que con un acto tan simple, el acto más descansado del mundo, pudiera causar tal aprensión.
-Bisabuela, escucha, lo que haces es igual que si rompieras un contrato. Esta casa se caerá sin ti. ¡Debes darnos al menos un año de preaviso!
La bisabuela abrió un ojo. Noventa años miraron calmos a sus médicos como un fantasma de polvo de una alta ventana de una cúpula, en una casa que se vacía rápidamente.
-¿Tom…?
El muchacho fue enviado, solo, a su cama susurrante.
-Tom- dijo, con voz desmayada, lejana-, en los Mares del sur hay un día en la vida de todo ser humano cuando sabe que es hora de estrechar la mano de todos sus amigos y decir adiós e irse navegando y lo hace, y es natural, es su hora. Así es hoy. A veces soy tan como tú, sentada en las matinés de los sábados hasta las nueve de la noche cuando enviamos a tu padre a traerte a casa. Tom, cuando llega el momento de que los mismos vaqueros están disparando contra los mismos indios en la cima de la misma montaña, entonces es mejor plegar la silla e ir hacia la puerta, sin lamentos y sin caminar por el corredor mirando hacia atrás. Así que me voy mientras aún soy feliz y estoy entretenida.
Luego Douglas fue convocado a su lado.
-¿Abuela, quién va a arreglar las tejas del techo en la próxima primavera?
Cada abril, desde que existían los calendarios, se creía oír pájaros carpinteros golpeteando arriba de la casa. Pero no, ¡era la bisabuela, transportada de algún modo, cantando, clavando, reemplazando tejas, en lo alto del cielo!
-Douglas- susurró-, no dejes nunca que nadie arregle las tejas a menos que le resulte divertido.
-Sí, abuela.
-En abril mira en derredor y di: “¿A quién le gustaría arreglar el techo?”. Y el rostro que se ilumine es el que quieres, Douglas. Porque subido a ese techo puedes ver a todo el pueblo yendo hacia el campo y el campo hacia el borde de la tierra y el río que brilla y el lago de la mañana y pájaros en los árboles debajo de ti y lo mejor del viento que te ronda arriba. Cualquiera de esas cosas debería bastar para hacer que una persona quiera asirse a la rosa de los vientos en algún amanecer de primavera. Es una hora poderosa si lo intentas…
Su voz se redujo a un aleteo.
Douglas lloraba.
Ella se volvió a despertar.
-¿Por qué haces eso?
-Porque no estarás aquí mañana- dijo.
Ella giró un pequeño espejo de mano de su rostro al del muchacho. Él miró el rostro de ella y el suyo en el espejo y luego el de ella nuevamente y ella dijo:
-Mañana por la mañana me levantaré a las siete y me lavaré detrás de las orejas; correré a la iglesia con Charlie Woodman; haré un picnic en el Electric Park; nadaré, correré descalza, me caeré de los árboles, masticaré goma de mascar… Douglas, Douglas, ¡te debería dar vergüenza! ¿Tú te cortas las uñas, verdad?
-Sí, abuela.
-Y no gritas cuando tu cuerpo se recicla por completo cada siete años, viejas células muertas y nuevas células agregadas a tu dedo y tu corazón. ¿Eso no te molesta verdad?
-No, abuela.
-Bueno, entonces piensa, muchacho. El hombre que guardara los recortes de sus uñas sería un tonto. ¿Alguna vez viste que una víbora quiera guardar la piel vieja? Eso es más o menos todo lo que queda en esta cama hoy, uñas y piel de víbora. Bastaría un suspiro mío para que vuele hecha escamas por el aire. La cosa importante no soy yo acostada aquí, sino el yo sentado en el borde de la cama mirándome y el yo que está abajo haciendo la cena o en el garaje debajo del auto o en la biblioteca leyendo. Todas las partes nuevas cuentan. No estoy muriendo realmente hoy. Ninguna persona que tenga una familia muere. Estaré aquí por mucho tiempo. Dentro de mil años todo un pueblo de descendientes míos estará comiendo manzanas agrias a la sombra del gomero. ¡Ésa es mi respuesta a todo el que haga grandes preguntas! ¡Rápido, ahora, envía a los demás!
Por fin, toda la familia estaba allí, como gente que fuera a despedir a alguien a la estación de un tren, esperando en el cuarto.
-Bueno- dijo la bisabuela-. Aquí estoy. No soy humilde, así que me gusta verlos en torno de mi cama. Ahora la semana que viene hay que trabajar en el jardín y limpiar los roperos y comprar ropa para los niños. Y dado que la parte de mí que, por conveniencia, se llama bisabuela, no estará aquí para hacerlo, aquellas otras partes de mí llamadas tío Bert y Leo y Tom y Douglas, y todos los demás nombres, tendrán que hacerse cargo, cada uno de su parte.
-Sí, abuela.
-No quiero fiesta de Noche de Brujas mañana. No quiero que nadie diga nada dulce de mí; lo dije todo en mi momento, orgullosa. He probado todas las comidas y bailado todas las danzas, hay una última tarta que no he probado, una última melodía que nunca silbé. Pero no tengo miedo. Sólo curiosidad. La muerte no me hará tragar ni una miga que no vaya a saborear plenamente. Así que no se preocupen por mí. Ahora váyanse todos y déjenme encontrarme con mi sueño…
En alguna parte se cerró suavemente la puerta.
-Así está mejor-. Sola, se acomodó gratificada bajo las mantas como si fueran un cálido médano de nieve, lino y lana, sábana y frazada, y los colores de la colcha de retazos eran brillantes como los banderines de los circos de antaño. Acostada allí se sentía tan pequeña y secreta como en esas mañanas de hacía ochenta y tantos años cuando, al despertar, retozaba sus huesos tiernos en la cama.
Hace mucho tiempo, pensó, soñé un sueño y lo estaba disfrutando cuando alguien me despertó y ése fue el día que nací. ¿Y ahora? Ahora veamos… Lanzó su mente hacia atrás. ¿Dónde estaba? Noventa años… ¿Cómo retomar el hilo y el patrón de aquel viejo sueño perdido? Extendió una mano pequeña. Allí… Sí, eso era. Sonrió.  Hundida más en su pequeña colina de nieve cálida giró la cabeza sobre la almohada. Así estaba mejor. Ahora, sí, ahora iba tomando forma en su mente silenciosa, y la serenidad de un mar moviéndose por una costa interminable, refrescándose a sí misma. Ahora dejó que el viejo sueño la tocara y la alzara de la nieve y la llevara a la deriva por la cama que apenas recordaba.
Abajo, pensó, están lustrando la platería, y removiendo en el sótano y quitando el polvo de los corredores. Podía oírlos viviendo por toda la casa.
-Está bien- susurró la bisabuela, al flotar con el sueño-. Como todo lo demás en esta vida, es como debe ser.
Y el mar se alejó  por la orilla.


RAY BRADBURY, “LIBRO PARA INSPIRAR A CURAS, RABINOS Y PASTORES DESANIMADOS”




Arte: ErinEitter Kono


RAY BRADBURY

RAY BRADBURY

Waukegan, Illinois, 22 de agosto de 1920 - Los Ángeles, 6 de junio de 2012



Se aman los ocasos porque se desvanecen.
Se aman las flores porque son efímeras.
Se aman los perros del campo y los gatos de la cocina porque pronto
deberán partir.
Éstas no son las únicas razones, pero en el corazón de las bienvenidas
matinales y de las risas vespertinas, está la promesa del adiós. En el
hocico encanecido de un perro viejo, vemos el adiós. En el rostro
cansado de un viejo amigo, leemos largos viajes más que regresos.
Ray Bradbury

martes, 5 de junio de 2012

PRÓLOGO DE "HERMANO"



HERMANO


PRÓLOGO


Este libro no es un libro más  para Raquel, si bien cada libro se gesta desde la profundidad de nuestro ser para que el poema crezca libre y diga lo que tiene que decir; este libro nace de la hondura misma del dolor.
El dolor se desangra en el poema, el dolor se come a las palabras.  Las palabras, sin embargo, se despuntan dejándose traspasar por el dolor mismo y así se dicen.  Por un lado, la excelencia de la construcción poética, el sonido, la armonía en cada poema, las imágenes que se transparentan en la crudeza del lenguaje.  El lector puede moverse en situaciones de la vida cotidiana dentro del poema, sin caerse en ningún lugar común, aunque estas situaciones sean simples como la que se plasma en el poema “Mamá llora”: Porque esta vez me tocó a mí juntar los juguetes.” El poema nunca decae, las palabras están puestas en el lugar donde tienen que estar, esto es simplemente una alusión a la forma, definiendo de esta manera que la autora lleva bien puesto el nombre de Poeta.  Lo que configura la imagen que tomé como ejemplo, conlleva una carga poética donde se condensa el poema mismo, al igual que “el agujero en el mantel”: ese agujero atraviesa todo el poema, sin ese agujero el mantel sería otra cosa. 

Hay un hilo conductor en este poemario. Sería muy sencillo decir “la muerte”, pero ese hilo va más allá de la muerte misma, es lo que trae esa muerte, lo que dice,  lo que calla, lo que suda y se convierte en polvo; el estado del duelo. Vuelvo a insistir, el lector puede caminar por cada poema como si fuera suyo, puede deslizarse por cada palabra sabiendo de lo que se está hablando.  Este libro llega a nosotros como un reflejo de lo que somos cuando el dolor nos atraviesa y deja seca cada parte de nuestro cuerpo; cuando la desolación es la única mirada que tenemos: es donde nuestro ser toca el límite de lo que somos, llega al límite mismo de nuestra impotencia.  Desde ese límite, desde ese fondo, Raquel supo delinear cada verso, Raquel pudo decirse con voz propia.  Y esa voz descubre a Raquel, la pronuncia, la hace una con ella.  La autora se conforma en esa Voz Poética que ya es su Voz. 

Volviendo a la temática, ¿quién no ha perdido a un ser amado? ¿Quién no ha pasado por un duelo?  El poemario se abre tocando la profundidad de la naturaleza del hombre, mostrando su finitud, queriendo calmar una sed que desde la limitación humana no puede ser saciada.  Cada poema nos pone cara a cara con lo que somos, nos lleva a reconocernos en cada herida, en el dolor, en la nostalgia, en la misma ira de no saber como sortear la imposibilidad, el desamparo; nos lleva a “deshojar el vacío”.  Hay que pasar esos “días con la frustración hecha tierra”.

Cada poema es un grito, un silencio que se parte: “Partir el pan y el cuchillo”. Cada palabra intenta un nuevo comienzo pero “la tierra en la garganta finalizando historias” nos deja a mitad de camino, todavía.  Este lugar donde el poema camina, donde trata de cerrarse: “elevo mi nada a lo que no escucha” es tocar en cuerpo y alma el límite de lo que somos, nuestra propia naturaleza, hasta donde llegamos y no podemos más.
“Dolió  aprender a no  palpar la rosa”: en ese dolor podemos decir que “el poema está terminado”.
 
Al acercarnos a la poesía cruda y desnuda de Raquel en este “Hermano”, se presiente, se vislumbra, un abrir de puertas donde la autora no deja de ejercer este oficio de Poeta al que fue llamada desde el  otro lado de la tierra, donde nace la esperanza.


Claudia Vázquez, poeta y cofundadora del Centro Cultural Alejandra Pizarnik