miércoles, 7 de octubre de 2015

SÁBADO A LA TARDE

SÁBADO A LA TARDE
  
 Vos creías
que los sábados a la tarde
eran siempre un  introito, un prefacio, un  preludio,
un augurio benigno.
Lo creías cuando tenías siete años y espiabas por la ventana
a las chicas de al lado
alborotando baldosas con su olor a bienvenida,
peinadas de peluquería,  todas,
y con esas botas.
Lo creías, también, cuando eras princesadisneyhellokittykimbasingermadonna,
y te atragantabas con puntillas y portaligas porque te costaba decidirte
entre el candor y los motines piel adentro;
cuando no mentías
al cerrar la boca, al abrir las piernas,
al acariciarle la cabeza al chiquito de la vecina.

Vos eras tan ingenua, tan ingenua,
que me da entre vergüenza y pena recordarte
mientras manoteo con ferocidad una lata de tomates
y me escandalizo porque en el súper chino
venden novelas de Corín Tellado
(veneno, veneno,
la historia no termina en boda,
la historia empieza en boda y degenera
en algo tan pedestre como un paquete de lentejas en remojo,
y las chicas de al lado son señoras gordísimas,
y yo me canso de repetir silencios,
y me canso, te juro que me canso,
de tener siempre los ojos empapados 
por esta insistente llovizna 
de manos vacías).


Arte: Sarah Bishop

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