sábado, 5 de septiembre de 2015

PRÓLOGO DE "INTERRUMPIDAS"

INTERRUMPIDAS

Prólogo

“fría como una llaga supurante
de vidrios rotos”


Raquel nos regala un poemario del que surgen flores rotas, carnívoras y audaces; flores que, después de consumidos los versos —hoy no me detengo en la belleza formal de su poesía—, muerden mis talones.

Cada niña, cada mujer, de Interrumpidas tiene los ojos de mis hijas, las manos de mi madre, el movimiento de brazos de mi hermana, el caminar de mi mejor amiga. Cada niña, cada mujer de Interrumpidas, tiene mi piel.


“Aúlla
como una casa vacía”

Sus voces renacen en la voz de mi querida poeta para no morir nunca. Y esas voces, en nuestros ojos, en nuestro cuerpo que se duele en las ausencias, en las cicatrices, en las sepulturas, germinan con la rabia de sus perpetuos silencios.
No están. Pero Raquel, a veces con la delicada forma de una lágrima, otras con las aristas del escombro, hace vibrar sus sombras, sus ecos, y compone una melodía dulce (y dolorosa) que entreteje historias de princesas y monstruos.  

“Como un reflujo de ángeles que hierven”

Interrumpidas debe ser aldaba. Llamarnos a esos cuartos vacíos donde ahora ya no cabe la risa. Donde el cuerpo cedió el lugar a la ceniza; donde la ceniza cedió el espacio a la nada.
Aldaba que nunca interrumpa su agrio repique, que abra ojos, que estruje leyes, que proteja, que ampare, que cubra, que limpie. 

Que desnude los cuerpos de huesos poderosos para que no golpeen más.

Nunca más.

Basta. Basta.

Basta ya.

“niña de huesos que levitan,
de médula cristalina”



Ana Orantes denunció públicamente, en un programa de televisión, el maltrato sufrido a manos de su esposo durante más de 40 años. Días después, este la roció con gasolina, en el patio de su casa, y le prendió fuego. Falleció calcinada (diciembre de 1997, Cúllar Vega, Granada, España). Su muerte supuso una conmoción nacional que culminó, en 2004, con una ley integral contra el maltrato de género. Su recuerdo da voz española a las mujeres que sufren maltrato de género.

Míriam, Toñi y Desirée fueron secuestradas en Alcácer (Valencia, España), en noviembre de 1992. Sus cadáveres aparecieron en enero de 1993. Las autopsias revelaron que habían sido brutalmente torturadas y violadas. Uno de los autores del crimen, Antonio Anglés, no pudo ser capturado, y a día de hoy se encuentra en paradero desconocido. El otro, Miguel Ricart, fue condenado a 170 años de prisión (aunque solo cumplió 21 y hoy está en libertad). Las niñas de Alcácer tenían 14 y 15 años. Iban a una fiesta de su instituto.

Sean ellas las voces de las niñas y mujeres españolas que han sido torturadas y asesinadas, y de las que aún están desaparecidas.



Soledad Sánchez Mulas, poeta

12 de enero de 2015

Salamanca, España





4 comentarios:

  1. Buscaré el libro. leyendo el prólogo he sentido curiosidad por leer el libro.
    Gracias por la información.

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    1. "Interrumpidas" es una edición de autor, así que yo me encargo de distribuir los libros, en lecturas, presentaciones, o mandándolos por correo al interior de Argentina. Tengo una cuenta donde me depositan el dinero, o me lo envían por correo. He enviado un libro a España, para la autora del prólogo, pero aún no lo recibió. Estoy viendo cómo siguen los tiempos y si llega, porque ya me sucedió de mandar libros a Venezuela y que se pierdan por el camino. En cuanto tenga novedades, me pongo en contacto con vos. Un abrazo.

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  2. hola Raquel.. te envíe propuesta por facebook

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