miércoles, 28 de octubre de 2015

LAS SIRENAS


LAS SIRENAS


Las sirenas somos


mujeres a medio camino
entre el capricho  y el naufragio.
Somos un dolor de Andersen,
una estatua en Copenhague,
una maldición griega,
una caricatura de Disney,
un truco de feria.
Tenemos un nudo de peces en la garganta
cuando decimos que sí con la cabeza
y decimos que no con el corazón
(un parpadeo de algas
en la comisura del verano,
una retahíla de caracoles transparentes
entrampada en las palabras).
Nos miramos los pies inexistentes
y nos probamos zapatos de agua.


Las sirenas nunca nos damos por vencidas:
nos damos por pescadas.
Insistimos en devorar anzuelos
(aunque nadie puede atraparnos jamás
porque mentimos demasiado).
Renegamos del mar
pero no podríamos vivir en otro lugar
(necesitamos que las olas nos arropen
cuando llega la noche;
necesitamos el líquido sustento del océano
para esconder nuestras lágrimas).


Las sirenas entorpecemos todas las cosas.
Confundimos  el sueño con la muerte,
el hambre con el dolor
de los  parques  descuidados.


Las sirenas somos mujeres a medio camino
entre el horror y el milagro.
Somos un cuento de nunca acabar,
una pintura de Waterhouse,
un fraude del siglo XIX,
un  guiño crispado,
el personaje secundario
de una  ópera de Wagner.
Tenemos un problema serio
debajo de la cintura:
una mitad de pez que no pedimos,
una súplica de erotismo impracticable.
Las sirenas somos,

mal que nos pese,
una promesa de sexo
naturalmente incumplida.




Obra pictórica:  Lesja Chernish

1º Premio en el 34º Certamen Internacional de Poesía "Plaza de los Poetas José Pedroni", Acebal, Santa Fe (2015)


Poema publicado en el e-book Raquel Fernández - Selección de Poemas , Biblioteca de las Grandes Naciones

martes, 27 de octubre de 2015

INTERRUMPIDAS


Carmen Hernández Rey, poeta

Almendralejo, Badajoz, Extremadura

España




Dra. Sara Perrault

Corrientes

Argentina





Soledad Sánchez Mulas, poeta

Salamanca, España




Damarys González, poeta y artista plástica

Carayaca, Venezuela

lunes, 26 de octubre de 2015

AYLAN - AYLAN


AYLAN



Hay un niño muerto en la playa,

un caracolito oscuro

boca abajo en la espuma.

Mil vueltas de yodo y de pena,

mil vueltas de pulmones rotos

en su caparazón hecho de miedo.

Lo recojo con el mismo celo

con el que toqué por primera vez

al hijo recién parido.



Cuando lo acerco a mi oído

no espero escuchar el rugido del mar.

Espero escucharnos a todos

llorando.




AYLAN


Il y a un enfant mort sur la plage

Un  tout petit escargot foncé

Etendu sur le vendre dans l’écume.

Un millier de  va et vient de iode et de peine

Un millier de va et vient de poumons fêlés

Dans sa coquille apeurée.

Je la ramasse avec le même soin

Que quand j’ai touché pour la première fois

A l’enfant à peine accouché.



Quand je l’approche à mon oreille

Je ne veux pas entendre le rugissement de la mer

Je voudrais nous entendre tous

Pleurer.




Traducción: Lydia Martínez

Fotografías: Graffiti en Sorocaba, Sao Paulo, Brasil, Nelson Almeida


sábado, 24 de octubre de 2015

"DOLOR HECHO POEMA" POR ALBANY ALFONZO (CHAPELLINA) PARA "MIS IDEAS DESPEINADAS"



La poeta Raquel Fernández, presentó “Interrumpidas” el pasado lunes 19 de octubre en la sala Cortázar de la Biblioteca Nacional en Argentina. Es un poemario que abarca 30 años de violencia contra la mujer en su país. 

 “Los casos de violencia machista son el pilar fundamental del libro. Pero también hay otros casos de violencia retratados en los poemas que lo componen: la violencia intrafamiliar, con la niñez como blanco indefenso, y la violencia mediática, que es abordada, por ejemplo, en los trabajos dedicados a Nora Dalmasso o Melina Romero, interrumpidas como las otras y asesinadas una y otra vez por la maledicencia y el periodismo inmoral orientado a vender un diario más u obtener un punto más de rating. Ese periodismo que avergüenza y se construye solazándose en una tragedia que, erróneamente, supone ajena”. 
Se trata de una segunda edición diseñada por el poeta, Marcelo Saraceno, ampliada y con un poema de cierre titulado “Yo Vuelvo”que escribió cuando se realizó la marcha “Ni Una Menos”. Recordemos que en el año 2014 la primera versión de “Interrumpidas” ganó en Miami el Gran Premio en el Primer Concurso Internacional de Poesía “La palabra de mi voz”, organizado por Publicaciones Entre Líneas. El premio fue adjudicado a un conjunto de poemas donde estaba incluido el que está dedicado a “Ángeles”.
Según la autora en Interrumpidas “el dolor busca convertirse en abrazo, en amor. No hay lugar para el odio o para la revancha. Sí se señala a los culpables (en el caso en el que hayan sido hallados) en una pequeña reseña que cuenta la historia de cada víctima al pie del poema que la recuerda. Pero las protagonistas son ellas”. 

1- Cuándo decidiste escribir sobre estas mujeres? Cuál fue el detonante?

Si me pongo a analizar mi trabajo debo reconocer que siempre escribí inspirándome en mujeres. He dedicado poemas a Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Sylvia Plath, Marina Tsvetáyeva, Frida Kahlo, entre otras poetas y artistas. Escribí también motivada por las historias de mujeres detenidas y desaparecidas en la Argentina por razones políticas como: Azucena Villaflor, Alcira Graciela Fidalgo Pizarro, Graciela Pane. Mi último proyecto literario es un pequeño poemario dedicado íntegramente a Marilyn Monroe… o, mejor dicho, a Norma Jeane Baker. La energía femenina, la lucha, la necesidad de hacerse un lugar en un mundo pensado por y para los hombres, siempre me conmovió.
Si hablamos estrictamente del momento en el que surgió el primer poema dedicado a una interrumpida fue a mediados de 2011, cuando encontraron el cadáver de Candela Sol Rodríguez (una niñita de 11 años que había estado desaparecida durante una semana) dentro de una bolsa en un terreno baldío de Villa Tesei, provincia de Buenos Aires. Candela había sido asesinada. Alguien había decidido impedirla, truncarla, segarla. Interrumpirla. Dos años más tarde, el cuerpo Ángeles Rawson (desaparecida en Palermo) fue hallado en una planta recicladora de residuos urbanos (CEAMSE). Con esa dolorosa aparición la palabra INTERRUMPIDA cobró más fuerza en mi cabeza. Y, a la luz de ese vocablo, que sintetizaba el no dejar ser, surgieron nombres, historias, rostros. La rubia belleza Oriel Briant resaltada con una capelina muy en boga en los años ’70. La explosiva sensualidad de Alicia Muñiz ataviada con plumas en el pasillo de un teatro de revistas. La dulce languidez de Jimena Hernández vestida para su Primera Comunión. Las trenzas adolescentes de Carolina Aló. La mirada limpia de Marela Martínez. Todas mujeres y niñas cuyos casos (muchos de ellos irresueltos) habían sacudido en su momento a la opinión pública argentina. Así que el proyecto de “Interrumpidas” como tal data de mediados de 2013, dos años después de haber escrito el primer poema.

Mamá y la abuela de Ángeles Rawson, Jimena Aduriz y María Inés Delia Castelli (Teté)

2- “Interrumpidas” es un poemario doloroso. Cómo lo ha recibido la gente?

La recepción del público ha sido muy buena, a pesar de la dureza de la temática del libro. Quizás porque tal como dijo en una de las presentaciones Beatriz Regal, (la mamá de Wanda, asesinada por su esposo Eduardo Vázquez, quien le prendió fuego en febrero de 2010) los poemas están enfocados en las víctimas y he elegido cuidadosamente las palabras para hablar de sus vidas truncadas desde el amor. Los padres de muchas víctimas han recibido el libro con mucho agradecimiento. Me han escrito muchos de ellos. Otros me han acompañado en las presentaciones. Creo que los padres tienen una gran necesidad de que se hable de sus hijas, de que se las recuerde. Rafaela Pinto, una poeta a la que admiro profundamente, cree que el agradecimiento de los papás tiene que ver con la posibilidad de darles a estas chicas la oportunidad de que sobrevivan en un verso. Según ella “un poema en un libro ilusiona con una vocación de eternidad, en un poema el alguien se perpetúa”. Por supuesto, comparto su visión. Eso es lo que yo sentí cuando publiqué “Hermano”, poemario dedicado a mi hermano fallecido.

Beatriz Regal y Jorge Taddei, papás de Wanda

3- De dónde sacas la fuerza para hablarles a los familiares de las víctimas?

Es muy fuerte conocer a los familiares de las víctimas. Shockea y provoca una ternura y una desolación inmensas. Es difícil encontrar palabras que puedan graficar lo que se siente. Yo tiendo al abrazo. Las charlas, después, se van dando naturalmente. Para algunos papás que han tomado los asesinatos de sus hijas como bandera para luchar contra la injusticia, el machismo, la violencia de género, hablar es más fácil. Están más curtidos, con el cuerito más duro, digo yo. También tiene que ver el tiempo que transcurrió desde la muerte de sus hijas. El dolor no desaparece jamás, pero se acomoda. Y es maravilloso que en muchísimos casos, como en el de Isabel Yaconis, Beatriz y Jorge Taddei, Gustavo Melmann, genere servicio al otro. Lucha para que las hijas de los otros no corran la misma terrible suerte que las suyas. Es impresionante.

Isabel Yaconis (mamá de Lucila) y Gustavo Melmann (papá de Natalia)

4- Estás colaborando con organizaciones ligadas a la violencia contra la mujer?

Si bien yo no soy una militante sino una poeta que aportó una mirada personal sobre un tema que nos ocupa y nos preocupa a todos, la temática del libro, lamentablemente tan en boga hoy en día, me ha llevado a relacionarme con algunas ONG que se ocupan del tema, como el Programa Violencia Cero de la provincia de Buenos Aires. Mi aporte es, la mayoría de las veces, artístico. Pero también he compartido charlas sobre la prevención sobre noviazgos violentos en colegios secundarios, por ejemplo.

5-Siendo un tema tan delicado debe tener sus detractores, es decir, gente que no está interesada en que se remueva lo sucedido. Te han atacado?

Hay casos en el libro que involucraron al poder político y al poder policial. Y, de alguna manera también, al poder judicial porque el crimen de Soledad Bargna, por ejemplo, asesinada en su propia casa, por Pablo Marcelo Díaz, un hombre que vivía en el mismo edificio que ella, pudo haberse evitado si el juez, Axel López no le hubiera otorgado al asesino salidas transitorias a pesar de estar cumpliendo una condena por violación. Díaz intentó abusar sexualmente de la joven y la asesinó de 26 puñaladas. Fue condenado a prisión perpetua en 2012. Por este caso y otros similares, López fue sometido a un juicio político por el mal desempeño de sus funciones, pero, lamentablemente, fue absuelto. En mi caso particular no he recibido ningún ataque y tampoco me asusta.

6-Qué has logrado hasta ahora o quieres lograr con “Interrumpidas”?

Creo que con “Interrumpidas” he logrado darle voz a aquellas cuyas voces fueron arrebatadas de manera brutal. Fue, en un punto, un trabajo casi de médium. Me propuse que cada poema del libro tuviera la identidad de cada niña o mujer homenajeada y para eso fue necesario indagar en sus historias, en las circunstancias de sus vidas y de sus muertes y, sobre todo, escucharlas. He logrado con el libro lo que quería: en primera instancia, recordarlas, y, en segunda, despertar conciencia. Me ilusiona pensar que cada persona que se acerca al libro se convierte en un agente multiplicador del mensaje que me propuse dar y que no puede ser obviado. LAS CHICAS QUE FALTAN, NOS FALTAN A TODOS. Este no es el problema de un grupo de familias, es un problema que nos atraviesa como sociedad, una llaga colectiva. Desde un punto de vista algo más frívolo podría decirte que con “Interrumpidas” conseguí que leyera poesía gente que no lo hacía habitualmente.

7-Interrumpidas en una palabra

Amor. 



jueves, 22 de octubre de 2015

HABLEMOS DE LA VIOLACIÓN


HABLEMOS DE LA VIOLACIÓN

A So Sonia



Hablemos de la violación

me dice una pibita irreverente.

Y yo que no soy tan pibita ni tan irreverente

miro para otro lado,

acomodo y desacomodo latas de tomate,

acomodo y desacomodo libros de poesía que no le vendí a nadie,

acomodo  náuseas, pelos pegoteados,

acomodo miedo.

Tarareo “Mejor no hablar de sientas cosas”.

Tarareo “Fuera de mi vida”.

Pero la pibita insiste.



Bueno, dale, hablemos.

¿Qué querés que te cuente?

Te puedo contar que yo tenía diecisiete años,

una minifalda roja,

una remera con un dibujo del Pato Donald,

un noviecito del secundario quequeríayyono,

quenoqueríayyosí.

Que estábamos convenciéndonos y desconvenciéndonos

en un lugar más o menos lindo,

más o menos apartado,

más o menos verde.

Que apareció un tipo que dijo ser policía y nos asustó

(los chicos decentes no se besan así,

las chicas decentes no tienen ese culo y esa minifalda roja;

del Pato Donald ni se enteró).

Que obligó al pibe a tomarse un colectivo

y a mí me puso un revólver en la sien

y  a tumbarme boca arriba en un yuyal cercano.

Me quedé paralizada, sabés.

Nunca había tenido un revólver en la sien.

Nunca había visto un revólver.

No tenía que gritar pero grité.

Algo me rompió el cuerpo.

Algo inmundo me rompió el cuerpo.

Todavía tiemblo cuando recuerdo ese dolor absoluto

que me atravesó la vagina, el útero, el estómago,

el corazón, la cabeza.

Todavía corro al baño a vomitar cuando recuerdo a ese monstruo

al que nadie invitó

comiendo del banquete de mi cuerpo.



Hablemos.

¿Qué querés que te cuente?

Que casi nadie me creyó

(¿cómo no estás golpeada, reventada, agonizando,

cómo tenés el descaro de seguir teniendo ese culo,

esas piernas, esos diecisiete años?).

Que me llevaron a denunciar al tipo

a la misma comisaría donde supuestamente trabajaba

y me escapé llorando porque todos,

todos,

eran iguales a él,

depredadores que me miraban las tetas,

depredadores azules.

Que me pregunté mil veces si la pollera era demasiado corta,

si besarse así en público era cosa  de chicos decentes,

si tendría que haberme dejado matar

porque una minifalda roja muerta,

un culo muerto,

unos diecisiete años muertos

hubieran sido una prueba irrefutable de  que sí,

de que me habían violado.

Que costó el amor cuando llegó.

Que nunca me atreví a contárselo a mi hijo.

Que el suicidio con el que fantaseé a los cuarenta

tenía los ojos de  papá,

las manos del novio que me arrebató a los veintidós  un estúpido accidente

y esa remera azul con un dibujo del Pato Donald.



Hablemos de la violación.

No sé si era esto lo que esperabas que te dijera.

No importa.

Al final pude hacer a  un lado las latas de tomate,

los libros de poesía,

las náuseas, el miedo,

y hablar.

Yo, que me sentaba quietecita en el aula

a escuchar como la maestra repetía ese  mantra funesto,

el silencio es salud, el silencio es salud.

Yo, que escribo poemas elípticos usando la palabrita rape,

porque suena más suave,

suena a Nirvana,

y por ahí el que la lee no sabe inglés y ni se entera.

Yo, que todavía no puedo dejar de avergonzarme

cuando pienso que me pasó eso.

Hace treinta años.

Ayer.



Apenas ayer.