sábado, 31 de diciembre de 2016

31 DE DICIEMBRE


31 DE DICIEMBRE

A Rosana

Esta noche no voy a estar en Nueva York.

Nada de confeti ni fuegos artificiales en el Times Square.

Nada de lentes graciosos

y besos en la boca con desconocidos parecidos a George Peppard

tal como lucía en “Breakfast at Tiffany's”.

Nada  de brindis en el 230 Fifth Rooftop

ni caminatas por el Puente de Brooklyn.

Nada de zancadillas a los espacios vacíos en la mesa

donde ceno cada Nochevieja  desde los ocho años

(antes protestaba por el mantel de hule,

los platos desparejos,

las copas que son para sidra y no para champagne,

pero ahora me da lo mismo,

me da exactamente lo mismo,

podríamos pedir una pizza esta noche y estaría bien,

ningún mantel decorado con pinitos festivos y muñecos de nieve alcanza

para adornar la ausencia,

ninguna copa de cristal fino sirve

para que el champagne barato parezca menos barato

y la sidra no me provoque dolor de estómago).



Esta noche no voy a estar en Nueva York.

Voy a estar en casa.

Voy a sonreír como una estúpida mientras puteo por lo bajo

porque soy yo la que tiene que recoger los platos sucios

mientras mis cuñadas

revisan compulsivamente sus teléfonos.

Voy a sonreír como una estúpida

(sabés que me sale bárbaro).



Voy a estar en casa.

Llamame.

Decime que la gente exagera.

Que Nueva York no es tan lindo en diciembre.

Que no hay desconocidos altruistas  parecidos a George Peppard

besando con alegría a señoras desencantadas.

Que hace un frío de locos.

Decime, por favor,

que el año que viene

los platos los va a lavar otra.





Arte: Marilyn Monroe como Clara Bow, Richard Avedon

Del poemario "Pretty in pink" (2016)



jueves, 29 de diciembre de 2016

VOS SABÉS


VOS SABÉS

Vos sabés lo que opino de diciembre:
que es una calamidad. Una plaga.
Diciembre robustece a los muertos.
Multiplica en las mesas vajilla desolada
donde el viento se devora a sí mismo.
Falsea la alegría.
Desfigura su sexo de verano con historias
donde se agita el frío
y una llora preparando la Waldorf
porque se acuerda de la vendedora de fósforos de Andersen.
(En realidad, una llora por otra cosa,
llora porque diciembre la estrangula
con estúpidas guirnaldas,
porque no se va a ir a la cama con el hombre que quiere,
porque está harta de la cocina,
pero la vendedora de fósforos es la excusa perfecta:
pobrecita, tan chiquita y congelada;
pobrecita, tan chiquita y muerta).


Vos sabés lo que opino de diciembre:
que es una úlcera en el almanaque.
Sin embargo, año tras año,
estoicamente burguesa,
me acomodo a sus exigencias.
Así que acá tenés la listita de lo que tenés que comprar.


Por favor, el champagne rosado. 

Arte: Scarlett Johansson para Moët & Chandon, Tim Walker

Del poemario "Pretty in pink" (2016)

martes, 27 de diciembre de 2016

POSTAL DE NAVIDAD


POSTAL DE NAVIDAD


Él te decía que no,
que no,
que no.
Que no te iba a lastimar.
Te lo decía con sonrisa de Lobo Feroz.
Con una 9 milímetros en la mano.
Y vos le creías.
Le creías y lo amabas.
Amarlo era tan pagano,
tan inexplicable,
tan ferozmente idiota
como ponerse una bombachita rosa
para esperar la Navidad.
Jesús renace cada diciembre
para que vos puedas ponerte esa estúpida bombacha
y pienses en él,
y lo imagines haciendo el amor con la piba de la foto,
los dos envueltos en guirnaldas tan cegadoramente doradas
como un infame gato chino de la suerte
(quizás por eso vos no tenés suerte,
porque odiás al gato,
aborrecés al gato,
matarías al gato si fuera algo más que una ridícula pieza de plástico:
ese gato es tan ella,
tan estridentemente ella,
y vos sos una muñequita de porcelana Hummel,
un bibelot demodé,
una cosita tan frágil que da pena).


Él te decía que no,
que no,
que no.
Que no te iba a lastimar.
Te lo decía con sonrisa de Barba Azul.
Con una navaja en la mano.
Y vos le creías.
Le creías y lo amabas.
Ahora decís que no lo amás
pero tenés puesta una bombachita rosa desconsolada
y te encerrás a llorar en el baño después del brindis
(y cuando te preguntan le echás la culpa al champagne por los ojos rojos,
por la sonrisa que se te cae de la boca,
por el deseo irreprimible de envenenar a un gato).



Arte: "Gingerbread Plum Trees",  Michele Lynch

Del poemario "Pretty in pink" (2016)

domingo, 25 de diciembre de 2016

HAPPY CHRISTMAS


HAPPY CHRISTMAS

“Ev'rybody had a hard year.
Ev'rybody had a good time.
Ev'rybody had a wet dream.
Ev'rybody saw the sunshine.
Oh, yeah. Oh, yeah. Oh, yeah.
Ev'rybody had a good year.
Ev'rybody let their hair down.
Ev'rybody pulled their socks up.
Ev'rybody put their foot down.
Oh, yeah. Oh, yeah. Oh, yeah.”
Lennon – McCartney, “I've got a feeling”



De pronto y  sin saber  

cómo aconteció 

semejante calamidad, 

estás debajo/ sobre 

una pila foránea de hojas de muérdago 

tratando de conciliar un verano abrasador 

con la idílica postal nevada 

que te vendieron los que venden 

ilusiones “made in USA”. 

Tuviste un año bueno, 

tuviste un año malo, 

tuviste más años de los que jamás hubieras querido tener 

y sos tu madre en el retrato 

de la mesa servida, 

saciando un ejército de bocas 

que jamás dijeron

lo que querías escuchar. 

Tuviste tus sueños húmedos, 

pero ahora sos tu madre 

y el sexo apretado se desperdicia 

debajo de tu vestido nuevo. 

Se acortaron los sueños 

y se alargaron las polleras.



Alguien pide más vitel toné 

y vos te preguntás 

si de verdad brilló el sol alguna vez, 

mientras la noche festiva/ fétida 

te cuelga una máscara insulsa 

que quizás disuelva la quinta copa de champagne.

O quizás no. 

Deberías haberte dejado el pelo largo, 

la vida larga, 

para seguir siendo la hija de tu madre 

y no ser ella 

dormida/ despierta 

sobre las ruinas del mantel. 



En tu puta vida viste un reno 

y puede que no lo veas nunca. 

No creés en Dios 

ni en los viejitos barbados que no fuman 

y no extienden la mano

reclamando la limosna del recuerdo. 

Pero la ceremonia se repite 

diciembre a diciembre, 

porque sos tu madre, 

tan buena como ella, 

tan sola como ella, 

con los pies enredados en las guirnaldas 

de un estúpido árbol que enciende/ apaga 

sus luciérnagas famélicas 

“made in Taiwan” 

(porque todo es “made in otro lugar” 

en este lugar donde estás/ no estás 

y en esta hora de rituales baldíos). 



El año que viene, no. 

El año que viene va a ser distinto. 



El año que viene vas a arrastrar tu osamenta 

hasta una playa minúscula

donde nadie te quiera vender 

el invierno y la alegría. 

Y vas a ser vos, mientras tu madre 

vegeta en los cajones de la memoria. 

Y si se trata de vivir, vas a vivir. 

Y si se trata de morir, vas a morir. 

Tu propia vida, tu propia muerte. 

Lejos del vitel toné y los manteles tribales.

Estrenando colmillos, 

estrenado latidos. 

Y sin números rojos que delaten 

que alguien 

-vos, él, ella- 

todavía te está debiendo algo.





Arte: Female Crucifix XVIII Century, Ramon Martinez

Del poemario "Pretty in pink" (2016)


viernes, 23 de diciembre de 2016

POR QUÉ LAS MUJERES COMO YO NO PODEMOS TENER AMANTES



 POR QUÉ LAS MUJERES COMO YO NO PODEMOS TENER AMANTES


 Hay mujeres que pueden tener amantes:
son aquellas que  cuando terminan de sudar tres pisos en ascensor,
o cuatro pisos en escalera,
o dos horas en una cama anónima
tendida indolentemente por una chica de uniforme rosa
y ojos tristes,
doblan a esos amantes prolijamente
y los guardan en sus carteras
junto a los cosméticos, las llaves y el carnet de la obra social,
y no vuelven a sacarlos hasta el próximo encuentro.
Nada de confesiones desesperadas a las amigas,
llamados telefónicos culposos a las tres de la mañana
ni poemas de Girondo
(mi lu mi lubidulia mi golocidalove,
por favor, ¿qué idioma diabólico es ése?).


Hay mujeres (las mujeres como yo)
que no, que no podemos tener amantes.
También los doblamos prolijamente
y los guardamos en nuestras carteras
después de hacer el amor,
pero los sacamos a cada rato:
para empolvarnos la nariz,
para secarnos las lágrimas cada vez que vemos una película de amantes,
para saber qué hora es
o para revisarlos por si tienen algún mensaje
(qué divina vos con esa tanguita,
y yo que siempre fui la distante melancolía de una máscara veneciana
me siento la reina del papel picado
y juro que la próxima vez me aceito toda
como la garota de una Escola de Samba).


Las mujeres como yo no podemos tener amantes
porque nunca aprendimos a hacer diferencias
entre amante/amado/amador/amadísimo.
Tenemos siempre el corazón dos pasos adelante
y la cabeza veinticinco pasos atrás.
Y un ruido rojo de sangre y medias rotas
nos apuntala el insomnio cada noche.
Lloramos, sí, lloramos.
Escribimos poemas.
Tenemos pájaros para nombrar el horizonte,
pájaros para nombrar la ausencia,
pájaros para lavarnos el cuerpo
cuando volvemos a  nuestra isla de pan y manteca,
porque el agua y el jabón no alcanzan
para quitarnos el olor a amor que nos embebe la piel.
Nos preguntamos por qué tiene los ojos tan tristes
la chica de uniforme rosa.


Hay mujeres que pueden tener amantes:
son aquellas que no tienen un ángel invariable
velando  el reposo del pubis
y son enormes, insólitas, eternas como el fuego,
cuando el ángel levanta la cabeza y extiende las  alas.
Las mujeres como yo no podemos.
Nos tenemos que conformar con leer a Girondo
(mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio),
masajearnos el cerebro con un buen chocolate
y suspirar cada vez que Leonardo DiCaprio
sale en la pantalla.





Arte: "El sueño de Ramona", Antonio Berni 

Del poemario "Pretty in pink" (2016)

martes, 20 de diciembre de 2016

ROSA DIOR


ROSA DIOR



Él va del brazo de una mujer vestida de negro.

Se arrancó una a una mis flechas.

En su pecho no hay

salpicaduras de sangre.

Supo con qué pie iniciar el retiro.

Yo saboreo un jardín de hielo

como una reina muerta.



Él y la mujer vestida de blanco,

la mujer con castillitos de cristal en las manos

y gemidos empolvados con azúcar,

vomitan su alegría insoportable

sobre mi boca vacía de pájaros.

Su coartada es el amor

-eso dicen-.

¿Dónde pongo mis sueños?



Él  se afana en las aldabas húmedas

de una mujer vestida de rojo.

No recuerda haberme olvidado.

Crece en otras pupilas

como una selva de aguavivas dulces.

Danza en otro cuerpo

como si yo nunca hubiera sucedido.



Él y la mujer vestida de azul,

la mujer con mariposas hambrientas en los muslos

y burbujas de verano en los párpados,

debaten sus cuerpos sudorosos

en las pestañas de mi insomnio.

Su excusa es el deseo

-eso dicen-.

¿Dónde pongo mis lágrimas?



Tantas mujeres vestidas,

desvestidas,

tantas mujeres negras, blancas, rojas,

azules como ciruelas, como peces,

haciéndose y rehaciéndose entre sus piernas,

ordenando la mesa de su cuerpo,

disponiendo su ombligo, su pubis, sus caderas

sus brazos, que me gustaban tanto.



Tantas mujeres menos yo,

tan rosa Dior,

tan rosa chicle,

tan rosa nada.



Arte: Roy Lichtenstein

Del poemario "Pretty in pink" (2016)