martes, 21 de noviembre de 2017

PARECIDOS


PARECIDOS

De mi padre heredé los ojos,
el pelo ondeado,
la mala dentadura,
la vocación de buena samaritana.
Murió joven y tuve un velorio multitudinario:
muchos amigos lloraron,
otros contaron chistes.
La mayoría suspiró con alivio
porque ya no tendría que devolver
ni billetes ni favores.
Fue en el '76.
En el '77
Boca fue Campeón de América.
Yo era chica pero me acuerdo
porque alguien dejó una placa en su tumba
con los colores xeneizes
que decía "Para vos, Jorge".
Seguramente fue un amigo
que usó al equipo de la Ribera
para saldar una antigua deuda.

En lo demás
me parezco a mi madre:
quejosa, lunática,
con unos brazos de Mr. Universo sin ejercitar
que me quitan el sueño pero no el hambre,
fanática de los dramas policiales para televisión
y  de los dramas domésticos
ideales para poner a prueba
el pañuelo de la dama
y la paciencia del caballero.

Yo no coso ni tejo,
es cierto.
En eso me parezco a mi abuela
que no hacía más que suspirar
porque el sillón desde donde veía pasar la vida
mientras otros hacían lo que había que hacer
no era un trono de la Casa de los Borbones.

En lo demás
me parezco a mi madre:
quejosa, lunática.
De las que ladran, ladran y ladran
y no muerden nunca.
Ella,
porque es mejor de lo que parece.
Yo,
porque heredé la dentadura de mi padre,
tan mala.


Arte: “Dog Tired”, Kim Roberti

domingo, 19 de noviembre de 2017

HIJA DE LILITH


 HIJA DE LILITH


Por voluntad propia abandono a Dios.

Por voluntad propia abandono el Paraíso.

Por voluntad propia abandono al hombre.

Camino desnuda entre los gatos y las hienas.

Camino desnuda y no me avergüenzo de mi cuerpo.

Mis pechos son búhos ululando

en la noche del tiempo.

Mi sexo la boca de un lobo.



Por voluntad propia abandono al hombre.

Desobedezco.

Me desbordo.

Sueño con demonios,

duermo con demonios.

No me avergüenzo de mi deseo.

Soy un murciélago rojo

que sangra cada cuatro lunas

y empapa la nuca del viento.

La  libertad se hace en mí.

No le debo una costilla a nadie.

Nadie me debe un final feliz.



Camino desnuda y digo no.

No.

No.

Por primera vez digo no.



Debajo de mis pies

la tierra tiembla.





Arte:  Aykut Aydoğdu


viernes, 17 de noviembre de 2017

ELLA TENÍA UN PAÑUELO



ELLA TENÍA UN PAÑUELO

A Azucena Villaflor, pionera del Movimiento Madres de Plaza de Mayo, secuestrada y asesinada en diciembre de 1977



Ella tenía un pañuelo.

Se columpiaba en el umbral del aire

para tocar la inocencia de su hijo

-entonces el pañuelo era pañal-.

Se sentaba a la mesa del dolor

a comerse la ausencia de su hijo

-entonces el pañuelo era mantel-.

Se caminaba en un hilo de palomas

para contar a su hijo entre los vivos

-entonces el pañuelo era bandera-.



Ella tenía un pañuelo en la garganta.

Ese pañuelo era su voz,

la quemadura blanca del reclamo.

A veces se soltaba como un pájaro

y volaba detrás  de algún recuerdo

-rodillas nítidas, pedacitos azules de verano,

dos o tres mariposas

enredadas en la túnica del cielo-.

A veces guardaba sus ojos en la lluvia.



Ella tenía un pañuelo.

Con su pañuelo tocó todas las muertes.

Apretó su corazón contra las olas.

Se deshuesó en el mar

-la deshuesaron

los funestos de siempre,

los que sembraron terrorescadáverescenizas,

los  que nunca pudieron abrazar

la ternura de un nido-.



Ahora, nosotros tenemos un pañuelo.




Arte: "¡Basta!", Carlos Terríbili (Museo del Bicentenario)

De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


miércoles, 15 de noviembre de 2017

RARA


RARA

“No me torturen más.
Soy viento, soy llovizna, soy arena.”
Alcira Graciela Fidalgo Pizarro



Rara.

Como encendida.

Algo azul entre las piernas.

Algo que sube hasta hendir la garganta.


Rara.

Con nombres apretados,

humedades discretas,

papelitos de colores en los ojos.

Con la estúpida costumbre de creer.

Con ángeles marchitos

pendiendo en sus dedos

como telas de araña.


Rara.

Como encendida.

Un poema de sangre tallado

debajo de las uñas.


Ella es un tragaluz defectuoso.

La memoria vadeando

un abismo de cuatro paredes.


Un eléctrico ardor dobla su cuerpo.

¿Cómo puede pesar tanto un grito?


Afuera,

un chico patea una pelota.


Adentro,

las ratas pasan largas.

Como sombras.



Alcira Graciela Fidalgo Pizarro nació el 8 de octubre de 1949, en la provincia de Jujuy. Era docente, estudiante de derecho y poeta. Fue secuestrada en Buenos Aires el 6 de diciembre de 1977 a los 28 años de edad. Se cree que, hasta su desaparición definitiva, fue recluida la Escuela de Mecánica de la Armada.


Arte: "Espina", Mariana Paolin

De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


lunes, 13 de noviembre de 2017

MAXIDARÍO


MAXIDARÍO

A Maximiliano Kosteki y  Darío Santillán, luchadores sociales asesinados en 2002 por la policía bonaerense 

“La mano sabe que no tiene tiempo y apresura sus uñas para siempre.” - Juan G. Ferreyra Basso



La vida ignoraba que no quedaba tiempo.

Improvisaba un padrenuestro de crispadas mariposas.

Gritaba el ruedo harapiento del cielo.

Decía la fábrica con las piernas rotas,

el paladar exiguo de las constelaciones

Renunciaba al pan quemado de la angustia.



Un relámpago  alto incineró

el cordaje alucinado de la sangre.

Deshizo la dúctil médula de miel,

se ensañó con el polen de los huesos.

Disolvió el dulce cáliz de besos y de abejas.

Así cayeron los cuerpos: como barandas agotadas.

Cerca de un puente blanco de sed.

Doloroso como los pies de la lluvia.

Así se hizo la noche: desmintiendo una mañana de invierno

que ofrendaba  sus temblores de escarcha.



Maxidarío.

Dos navegando la escasez del milagro.

Dos  devorando los manjares  de la muerte.

Uno en el ebrio clamor de la catástrofe.

Oliendo, debajo de la pólvora,

un manojo apurado de pétalos,

todas las flores que tocaron sus manos.

Empañando los costados de la luna

con el recuerdo vivo de sus hembras.

Renunciando al balance vertiginoso de las uvas.



Maxidarío.

En la calle, en la estación, en los adioses.

Dos en la mira siniestra del verdugo.

Uno en la esperanza repetida del canto.





Maximiliano Kosteki y Darío Santillan fueron dos militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) asesinados a sangre fría por efectivos de la policiales el 26 de junio de 2002, en el marco de una brutal represión por parte de la Policía Bonaerense, la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura Naval desplegada con la intención de sofocar una protesta que se desarrollaba en las cercanías  del Puente Pueyrredón. Fueron ejecutados en las inmediaciones de la estación de ferrocarril de Avellaneda, hoy rebautizada con sus nombres.


De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


sábado, 11 de noviembre de 2017

PRESENTACIÓN "INTERRUMPIDAS" 2º EDICIÓN BAR EL DIONI"


Con la poeta Claudia Vázquez


Con la poeta Jimena Cano


Con la escritora Patricia Clavijo, titular del Instituto de Letras de la Municipalidad de Avellaneda 


Con la poeta Graciela Vodicka


Con las poetas Claudia Vázquez y Marina Cavalletti


Con la poeta y editora Patricia Bence Castilla y la poeta Claudia Vázquez


Con la poeta Claudia Vázquez

miércoles, 8 de noviembre de 2017

SUCEDE EL HAMBRE


SUCEDE EL HAMBRE

A Néstor, a Oscar, a tantos

“El hambre es el primero de los conocimientos:
Tener hambre es la cosa primera que se aprende.”
Miguel Hernández



En otras bocas,

en otros cuerpos injuriados

por látigos de humo,

en otras vísceras cayendo de rodillas,

sucede el hambre.



Sucede puntualmente,

con infalible cadencia de almanaque.

Sucede cada día.

Acampa en los orígenes del alba,

se acuartela en la noche.

Cubre su desnudez de luna agria

con un tendal de moscas.



El hambre

es una mordedura de gusano,

una pisada de corcel siniestro,

un zarpazo de lobo.

Es un estómago y su ruido de cenizas,

su ruido de  pájaros temibles

riñendo con la nada.



Nosotros,

correctos hasta el tuétano,

pagadores de impuestos,

católicos, apostólicos, romanos,

un poquito cristianos,

dormimos con un pan bajo la almohada

y otro pan bajo el brazo.



Pero el hambre sucede.

Sopla su aire viciado

en el desvelo austero de los huesos.



Nos duele casi nada,

algunas veces,

como una media sonrisa de alfileres.



Pero si trae la muerte de la mano

nos duele casi tanto.




Arte: Mio Cade

De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)