viernes, 26 de mayo de 2017

LO QUE SUCEDE CONVIENE



LO QUE SUCEDE CONVIENE


lo que sucede conviene decís

panza llena

corazón contento

anillito Swaroski en el dedo


lo que sucede conviene

el Universo conspira en tu favor

lo que pedís te lo da

caviar Alma

hongos Matsutake

una botella del mejor champagne francés

un Rolex


lo que sucede conviene decís

las piernas cruzadas en la posición vajra

las palmas  de las manos hacia arriba

y esa expresión de paz en tu cara impávida

porque lo que sucede conviene

y vos no tenés la culpa de nada


después te abrazás a tu mantita de Nepal

y te comés tu palta

nutritivapotásicaantioxidante

porque lo que sucede conviene

mientras no te suceda a vos


mientras a vos no te reviente el hambre en el cuerpo

como una granada de moscas negras

ni destrocen los cercos de tu noche

los fantasmas de Alepo


mientras la sangre no se ensañe con tu sangre

y mañana no entierres a tu hijo


miércoles, 24 de mayo de 2017

LOS PUENTES


LOS PUENTES

Manhattan, Nueva York - 1960


La muerte pulsa
el arpa del silencio.

Los terrores se desbandan como caballos negros
azuzados
por sombras imprecisas
y el alma se hunde
en el agua viciada
que anega la memoria.

La muerte es una tentación dulce.
La cubre como música,
la convierte en una bailarina febril
con un pie en los puentes
y otro pie
en todos los vacíos
(pero a ella le gustan los puentes;
le gustan los pájaros,
pequeñas sedas que duelen;
le gustan las orillas

y su mordedura de peces deshilachados
mendigando
el favor del aire).

La muerte pulsa
el arpa del silencio
y el cuerpo se deprecia
segundo a segundo.

Pero ella todavía canta.
Amordazada, canta.

Sobrevive en la ilusión de los puentes.


Fotografía: Marilyn Monroe y Arthur Miller frente al Queensboro Bridge, New York (1957), Sam Shaw


Del poemario "Good bye,  Norma Jean" (2016)

1º premio Poesía "9º Concurso de cuento y poesía "Adolfo Bioy Casares" Edición 2015, Las Flores, Bs. As. (2015)

lunes, 22 de mayo de 2017

AMANTE


AMANTE


Leí en algún lugar

que las mujeres buscamos hombres

parecidos a nuestros hermanos.

Cuando te conocí te dije que te parecías a él.

Difícil, difícil.

Un boleto de ida a la frustración.

Como cuando llueve sopa

y te agarra con un tenedor en la mano.


Pero, no. No te parecías tanto.

Él se burlaba de los poetas

y vos

te enamoraste de mi manía de Alejandrita de cotillón

colgando guirnaldas de luto

(palabras, palabras)

para desanimar la fiesta.


Yo  me enamoré de un hombre

hecho a la medida de mi ayuno.

A veces tenía tus ojos.

A veces. Casi nunca.


Para ese entonces estaba tan delgada.

No cocinaba ni comía.

Me encerraba  a llorar entre ollas y sartenes

como una Cenicienta anoréxica.

Tenía la tristeza metida en los huesos.

Cuando hacíamos el amor

los embates de tu cuerpo

la empujaban fuera de mí.

Pero nunca se iba demasiado lejos.

Esperaba, agazapada,

enredada entre las sábanas,

y se pegaba a mis muslos

cuando me vestía para irme.


Vos te enamoraste

de mi feroz melancolía.

Me regalaste una novela de Sylvia Plath.

Me citabas en los cementerios.

Pero me dejaste

porque me reía poco

y no sabía bailar.


Todo esto pasó hace tanto tiempo.


De vez en cuando pienso

que me gustaría encontrarte

en la cola del cine.

O en la del supermercado.

Decirte que no nos guardo rencor.

Que ahora me río mucho,

de todos,

de todo,

y bailo entre ollas y sartenes,

mientras preparo brownies,

galletitas de miel

y mermelada de zapallo.

Que no me entra

ninguno de los primorosos vestidos

que me ponía para correr a tu encuentro.

Que cuando paso por un cementerio

me cruzo de vereda.


Decirte, mi querido,

que yo no necesitaba un amante:

necesitaba un gato.







sábado, 20 de mayo de 2017

ZOMBIE III


ZOMBIE III

Mojave Desert, Nevada - 1960


-¿Cuánto hace que estás muerta?

-Desde 1937.

Me asesinó un disparo de semen.

Me enterraron abrazada  a una muñeca barata.

-Pero también estás viva.


-Casi.



Fotografía: Marilyn Monroe (1957), Richard Avedon


Del poemario "Good bye,  Norma Jean" (2016)

1º premio Poesía "9º Concurso de cuento y poesía "Adolfo Bioy Casares" Edición 2015, Las Flores, Bs. As. (2015)

jueves, 18 de mayo de 2017

ELLA ESCRIBE III


ELLA ESCRIBE III

Manhattan, Nueva York - 1959


El poema sucede en los suburbios

de un cuerpo que se gasta

como se gasta el viento.

Asciende por sus llagas,

esquivando derrumbes.

Almuerza de su boca.



Graba sus iniciales


del lado más herido de la infancia.



Fotografía: Marilyn Monroe en su casa en Hollywood (1953), Alfred Eisenstaedt


Del poemario "Good bye,  Norma Jean" (2016)

1º premio Poesía "9º Concurso de cuento y poesía "Adolfo Bioy Casares" Edición 2015, Las Flores, Bs. As. (2015)

martes, 16 de mayo de 2017

ZOMBIE II



ZOMBIE II

Hollywood, Los Angeles, California – 1958


Debajo de su falda

la muerte

hace el amor con el amor.

Y ella está viva,

pero no,

y sus hijos


son, apenas,  manchas de sangre.




Fotografía: Marilyn Monroe (1957), Richard Avedon


Del poemario "Good bye,  Norma Jean" (2016)

1º premio Poesía "9º Concurso de cuento y poesía "Adolfo Bioy Casares" Edición 2015, Las Flores, Bs. As. (2015)

domingo, 14 de mayo de 2017

ZOMBIE I


ZOMBIE I

Manhattan, Nueva York – 1957


Ella vio ese rostro tan amado

que no conocía,

lo vio goteando en un mundo sin Dios.

El rostro amado era

un párpado de sangre

que se cerraba para siempre,

una estrofa de infancia con el espinazo quebrado.


Ella cortó flores blancas

y le dio de comer a su hijo muerto

pétalos fríos como dagas,

como huesos.

Lloró hasta recordar

que  estaba tan muerta como él.


Los dos se están velando,

abrazados.



Fotografía: Marilyn Monroe (1957), Richard Avedon


Del poemario "Good bye,  Norma Jean" (2016)

1º premio Poesía "9º Concurso de cuento y poesía "Adolfo Bioy Casares" Edición 2015, Las Flores, Bs. As. (2015)

viernes, 12 de mayo de 2017

10, LA MUJER PERFECTA


10, LA MUJER PERFECTA

"A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas."
Joaquín Sabina


Cuando nací me vistieron de rosa de pies a cabeza

y me acostaron en una cunita

con sábanas rosadas.

A los cuatro años

me llevaron al cine a ver una pelicula de Disney:

la protagonista era una princesa que no sabía que era princesa,

invisible para el mundo

hasta el sensacional estreno

de un primoroso vestido rosado.

Los animalitos del bosque

la ayudaban a limpiar la casa

y ella cantaba

con una alegría idiota

mientras fregaba los platos.

A los cinco

me regalaron una muñeca

y me enseñaron a acunarla

y a cambiarle los pañales.

Yo le preparaba comiditas

con barro y hojas secas

y fregaba platitos de plástico cantando

porque quería ser una princesa de Disney.



A los siete años me enseñaron

que las señoritas no se trepan a los árboles

y me regalaron otra muñeca.

Me abrurrí de acunarla

y le hice un corte de pelo punk

que escandalizó a las tías solteras

(podria haber sido una estilista famosa,

codearme con Mara Roszak y Harry Josh,

pero tenía que ser una mamá).

Me aburrí de cambiarle los pañales

y le abrí el estómago de plástico

para ver qué tenía adentro

con un cuchillito que le robé a la abuela

(podría haber sido una cirujana destacada,

lucirme con mano firme y audacia,

pero tenía que ser un mamá).

A los nueve me enseñaron

que una mujercita

no se aburre jamás

de las nanas y de los pañales.



A los diez años, en la escuela,

me hiceron ver una película

a escondidas de los varones.

Me regalaron un folleto rosado

y me enseñaron a tener vergüenza de mi cuerpo.

A los doce me exigieron que no me riera tanto,

que no me sentara con las piernas abiertas,

que no jugara a las escondidas con los pibes del barrio.

A los quince me vistieron otra vez de rosa

y me durmieron con cuentos de hadas

a la espera del beso y el príncipe.

Y me enseñaron a bajarle los dobladillos a las polleras

para que los posibles candidatos 

no pensaran

que era una loquita.



Me enseñaron a coser, a bordar,

a no jugar nunca.

A no comer demasiado,

a no beber demasiado

a no pedir demasiado.



Cuando nací me vistieron de rosa de pies a cabeza

y me acostaron en una cunita

con sábanas rosadas.



Antes de que aprendiera a hablar

me enseñaron a callarme.



Bo Derek, fotograma de la película "10" (Blake Edwards, 1979)