viernes, 12 de mayo de 2017

10, LA MUJER PERFECTA


10, LA MUJER PERFECTA

"A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas."
Joaquín Sabina


Cuando nací me vistieron de rosa de pies a cabeza

y me acostaron en una cunita

con sábanas rosadas.

A los cuatro años

me llevaron al cine a ver una pelicula de Disney:

la protagonista era una princesa que no sabía que era princesa,

invisible para el mundo

hasta el sensacional estreno

de un primoroso vestido rosado.

Los animalitos del bosque

la ayudaban a limpiar la casa

y ella cantaba

con una alegría idiota

mientras fregaba los platos.

A los cinco

me regalaron una muñeca

y me enseñaron a acunarla

y a cambiarle los pañales.

Yo le preparaba comiditas

con barro y hojas secas

y fregaba platitos de plástico cantando

porque quería ser una princesa de Disney.



A los siete años me enseñaron

que las señoritas no se trepan a los árboles

y me regalaron otra muñeca.

Me abrurrí de acunarla

y le hice un corte de pelo punk

que escandalizó a las tías solteras

(podria haber sido una estilista famosa,

codearme con Mara Roszak y Harry Josh,

pero tenía que ser una mamá).

Me aburrí de cambiarle los pañales

y le abrí el estómago de plástico

para ver qué tenía adentro

con un cuchillito que le robé a la abuela

(podría haber sido una cirujana destacada,

lucirme con mano firme y audacia,

pero tenía que ser un mamá).

A los nueve me enseñaron

que una mujercita

no se aburre jamás

de las nanas y de los pañales.



A los diez años, en la escuela,

me hiceron ver una película

a escondidas de los varones.

Me regalaron un folleto rosado

y me enseñaron a tener vergüenza de mi cuerpo.

A los doce me exigieron que no me riera tanto,

que no me sentara con las piernas abiertas,

que no jugara a las escondidas con los pibes del barrio.

A los quince me vistieron otra vez de rosa

y me durmieron con cuentos de hadas

a la espera del beso y el príncipe.

Y me enseñaron a bajarle los dobladillos a las polleras

para que los posibles candidatos 

no pensaran

que era una loquita.



Me enseñaron a coser, a bordar,

a no jugar nunca.

A no comer demasiado,

a no beber demasiado

a no pedir demasiado.



Cuando nací me vistieron de rosa de pies a cabeza

y me acostaron en una cunita

con sábanas rosadas.



Antes de que aprendiera a hablar

me enseñaron a callarme.



Bo Derek, fotograma de la película "10" (Blake Edwards, 1979)

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